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    La Vida de Viaje - Sol, viento y lluvia en la patagonia

    3 en 1: sol, viento y lluvia en la Patagonia

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    Sol en Tolhuin

    Después de pedalear unas cuántas horas para llegar a Tolhuin, paramos dos días en la casa de la familia Ullua. Ellos nos contactaron a través de Facebook para conocernos y para que tengamos un lugar donde descansar al llegar.

    Dando unas vueltas por este pequeño pueblo descubrimos que su gente le da un valor especial al cicloturismo: el movimiento “Cicloturismo por la vida” organiza pedaleadas auto convocadas en memoria del Doctor René Favaloro y en la panadería La Unión, un clásico por sus paredes llenas de fotos de famosos que pasaron por ahí, hay un cuarto especial para que los biciviajeros puedan pasar la noche (hasta tienen un cuaderno donde todos dejan su huella: ¡LVDV inauguró el tomo 2!).

    Una de las páginas del cuaderno viajero. ¿Algún traductor en la sala?

    La bici se ve a toda hora en las calles y en las sonrisas de grandes y chicos que la usan para moverse por el pueblo y para jugar. Con Agustín, Camila (los hijos de Natalia Ullua), Candela y Felipe (sus amigos del barrio) damos cientos de vueltas durante las dos tardes que pasamos con ellos, no paramos de reírnos y hacemos algo así como una “mini Masa Crítica” (si no sabés qué es, acá podés leer de qué se trata).

    “Masita Crítica” por las calles de Tolhuin

    La Vida de Viaje - Sol, viento y lluvia en la patagonia

    Por un rato cambiamos las bicis por los caballos

    Y también visitamos el lago Fagnano

    Viento en Río Grande
    La Vida de Viaje - Sol, viento y lluvia en la patagoniaLa Vida de Viaje - Sol, viento y lluvia en la patagonia

    Estamos convencidos de que vamos a poder pedalear los 110 kilómetros que tenemos planeado, pero a menos de media hora de la salida, el viento patagónico nos recuerda que es él quien decide hasta dónde uno puede llegar. Su sonido en estéreo y unas ráfagas que hacen que nuestro velocímetro no marque más de 7km/h nos lleva a parar en la única estancia marcada en el mapa.

    Entramos en la estancia Viamonte donde Simón, su dueño, nos ofrece “la casa para los ciclistas” para que pasemos la noche. Ni bien entramos Conrado, Federico y Matías, tres chicos que trabajan en la estancia nos vienen a buscar para que cenemos con ellos.

    Primer plato: sopa. Segundo plato: polenta con carne de oveja. Postre: torta. La estancia fue un oasis en el medio de la estepa. Después de contarles nuestro viaje nos llevan a recorrerla, nos muestran dónde y cómo esquilan las ovejas, nos explican sus tareas y después de una hora, nos vamos a dormir mecidos por el viento.

    La estancia Viamonte

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    Conrado, Federico y Matías después de llevarnos a recorrer la estancia

    Al otro día madrugamos. Salimos de la estancia con una actitud ganadora, convencidos de que la jornada de pedaleo va a ser intensa pero posible. A los 15 minutos se levanta una tormenta de viento que nos deja hacer sólo un kilómetro en una hora. Nos miramos, coincidimos que va a ser imposible y decidimos llegar a Río Grande en cuatro ruedas e inaugurar el autostop biciviajero para casos extremos como estos.

    Pasan unos segundos hasta que una pareja se baja de una camioneta, nos mira con cara de “ustedes sí que están locos” y en 20 minutos llegamos al centro de la ciudad (lo que a nosotros nos hubiese llevado todo un día de pedaleo). Entramos en la primera estación de servicio que vemos, nos conectamos a Internet, chateamos con Pablo Martinengo (un viajero que hace tres años hizo un viaje en moto hasta el norte de Bolivia y que conocimos en Ushuaia) y es él quien nos hospeda tres días en su casa. Pablo es el biciactivista de Río Grande.

    Por un lado en la casa de Pablo con su hija Ana y su perra Petuña. Y por el otro la Masa Crítica de Río Grande!

    Lluvia en San Sebastián

    Si algo nos falta en este recorrido es la lluvia. Salimos de Río Grande y a los pocos kilómetros el agua empieza a caer sobre nosotros y literalmente nos empapa. Dicen que cuando llueve hay poco viento pero en esta zona se ve que ni la teoría aplica, así que el viento y la lluvia acompañan nuestro camino.

    Por suerte el sol sale otra vez (así de ciclotímica es la Patagonia) y en lugar de pedalear los 80 kilómetros que pensábamos hacer, la campana de recreo suena a los 50. Otra estancia nos abre sus puertas para acampar y esta vez es la estancia Sara.

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    Dicen también que bien temprano en la mañana hay poco viento pero otra vez este no es el caso. Sabemos que a la tarde todo va a empeorar y así es: nos quedamos varados en el refugio del paso fronterizo de San Sebastián. Igual no nos quejamos porque en el refugio hay calefacción, cocina y un lugar donde dormir, algo así como un 4 estrellas con vista al mar 🙂

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    Somos Jime Sánchez y Andrés Calla, amantes de la aventura y la vida al aire libre. En este refugio digital compartimos nuestro estilo de vida, relatos, fotos, info útil, consejos y muchísima inspiración.

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