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    La ruta de las preguntas - La Vida de Viaje

    La ruta de las preguntas

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    Muchísimas rutas del mundo tienen nombres: existe la ruta de las lagunas, la ruta de la muerte, la ruta de la seda. Pero las rutas no son solo esa etiqueta elegida al azar. Las rutas, en realidad, son completamente subjetivas: cada cual la vive a su manera, con su mochila de historias colgada al hombro, con sus dudas y certezas. Para nosotros, la ruta 3, fue la ruta de las preguntas. Y así empezó todo:

    Entre pitos y flautas, estuvimos siete meses en la Patagonia. Remamos tres lagos, pedaleamos cuatro días por Chile y cuidamos una hostería durante dos meses (nuestra primera experiencia haciendo house sitting). Si los viajes por agua fueron viajes de purificación, el estar 60 días quietos nos sirvió para llenarnos de preguntas. Que el viajar con tanto peso, con las computadoras, con el trípode, con un carrito, con esto y aquello. Que el kayak, que la bici, que el viajar. Que el invierno, que el frío, que si cruzamos la estepa pedaleando o en tren. Que el para qué, los por qué y los qué queremos. Todos los papelitos estaban mezclados y metidos en una misma bolsa (a veces nos encantaría tener una vida más “normal” y no tan existencial, pero celebramos las preguntas incómodas y las respuestas que a veces, demoran un poco en llegar).

    La ecuación bici + invierno daba un resultado negativo. A menos yo no estaba dispuesta a salir y pasarla mal. Sí, ya sé: “depende de cómo te tomes las cosas”, “es la letra chica del estilo de vida que elegiste” y muchas más frases que más de uno va a pensar mientras lea este posteo. Pero si bien en estos casos todos tienen algo para decir según sus realidades-modos de ver la vida, la pregunta tenía como objetivo el sincericidio: “VOS, ¿qué querés hacer AHORA?”. Y la respuesta fue: “no me quiero cagar de frío”. Así, sin adornos ni vueltas. La estepa, con agua nieve cayendo y kilómetros de ripio, era el preámbulo de un regreso a las rutas para nada alentador. Reconozco que la cama, el calorcito del hogar, el tecito de la mañana y las cenas ricas hicieron que la balanza se incline más por la comodidad que por la aventura, pero también soy consciente de que ya me cagué de frío muchas veces y que ahora, en este momento, no lo elijo.

    Como el viaje es en pareja, la negociación está a la orden del día. Decidimos cruzar la parte más cruda en tren y empezar a pedalear desde Viedma hacia el sur de Buenos Aires. Queríamos andar por pueblos rurales, visitar sus viejas estaciones de tren, conocer historias, ver el mar. Volver a sentirnos de viaje.

    Salimos de la estación de tren de Bariloche a las 5 de la tarde. Nos despedimos del bosque andino patagónico y partimos. Siempre decimos que cada lugar tiene su impronta, algo que lo hace único en comparación con otros, pero Bariloche es tan intenso que cuesta que la mirada se acostumbre a otro paisaje.

    En 18 horas hicimos 800 km. Llegamos a Viedma, encaramos hacia la plaza principal y nos encontramos con Brian y Magalí de Pedaleando Sueños. Entre todo lo que conversamos, nos dicen algo que vibra a la par de lo que veníamos pensando: “nosotros ya no queremos hacer viajes largos porque en algún momento llega la rutina, todo te molesta y no lo disfrutás”. La vida misma, digamos. La rutina de la que te escapás en la ciudad y que a veces añorás tener en viajes largos. La rutina que no querés que llegue, pero llega viajando o no viajando. Esa misma rutina que tarde o temprano termina pesando.

    A veces somos un poco contradictorios. O quizás inflexibles frente a la posibilidad de cambiar (sea lo que sea que queramos cambiar). Pretendemos que nuestro yo de ahora tome las mismas decisiones que el yo de ayer, que le guste lo mismo, que diga lo mismo, que sea a su imagen y semejanza, siempre. Y en lugar de nadar a favor de la corriente, pataleamos. Está bien no tirar la toalla e intentar ver qué pasa si mantenemos una vieja decisión, pero nuestro andar sería más liviano si nos permitiésemos rever las coordenadas una y otra vez, sin culpa.

    Después de pasar la tarde con los chicos, nos fuimos a la casa de Daniel, nuestro anfitrión de Couchsurfing. Dani es una persona que podría haberlo tenido todo, pero eligió una vida de compromiso y entrega hacia la comunidad mapuche. Es maestro, músico y un defensor de la vida. Nos dio una clase intensiva sobre la cosmovisión mapuche: hablamos sobre la concepción del tiempo, sobre el lenguaje (no existe el NO en su vocabulario), sobre la gratitud, sobre el silencio y sobre los ciclos naturales. “Es importante que volvamos a lo natural, que tengamos tiempo de observar a la naturaleza y así poder comprender cómo funcionan sus ciclos”. Y si las fases de la luna afectan a las mareas, cómo es que llegamos a pensar que nosotros somos ajenos a todo eso que pasa “ahí afuera”. Que si las hojas caen en otoño y el invierno es tiempo de pausa, claro que todo nos va a costar más. “Entiendan los ciclos naturales y no los alteren”.

    Inevitablemente me detuve a pensar que ese “no me quiero cagar de frío” entramaba un sentido un poco más profundo. Que en realidad, si seguía en movimiento, iba a estar alterando esa parte de mí que quería estar quieta y en pausa. Como los árboles en invierno.

    Al otro día salimos a buscar el mar. Nos pasaron a buscar Gisela y Mariana, dos lectoras del blog, y bordeando la Ruta 1 llegamos a Punta Bermeja, una reserva faunística provincial desde donde se pueden ver colonias de lobos marinos de un pelo. De manera permanente hay 2000 lobos, pero en algunas épocas del año ese número asciende a 7500. Esta vez no alcanzamos a contar cuántos había, pero eran muchísimos. Algunos se daban un chapuzón en el mar, otros tomaban sol. Había chiquitos y gigantes. Por suerte teníamos binoculares para verlos con todos los detalles.

    Entre el sonido del mar, los acantilados altísimos, las playas enormes y los lobos marinos, pensamos sobre qué es lo buscamos en nuestros viajes, qué es lo que nos llena, ahora. Y la foto que resume esa respuesta es una: nosotros y el mar, nosotros y las montañas, nosotros y lo que nos rodea. En palabras de Dani: volver a lo natural. Estar más en contacto con la naturaleza y con nosotros mismos. Esa es nuestra búsqueda.

    Después de Punta Bermeja, visitamos la Lobería, playa Bonita, el Espigón, el Faro, el Cóndor, el Pescadero (todas bajadas al mar) y dimos una vuelta por Carmen de Patagones, la ciudad que está enfrente de Viedma. Al llegar a la casa de Dani, Andrés y yo tuvimos la misma reflexión: “todo este recorrido lo hicimos en auto, y cuando llegamos al mar, nos sentimos igual de plenos que cuando viajamos en bici”. Es que sí, si viajar es lo que nos gusta, no importa el medio de transporte que elijamos para hacerlo. Todo eso que pasa en el medio entre el punto A y el punto B era lo que hasta hace poco nos alimentaba el alma, veíamos con el corazón todo ese entramado de historias espontáneas y encuentros casuales que la ruta nos regalaba a cada kilómetro. Y el mar, con su fuerza que sacude los tímpanos y sus olas que nos hablan, nos hizo entender que hoy el llamado es otro.

    La ruta de las preguntas - La Vida de ViajeLa ruta de las preguntas - La Vida de ViajeLa ruta de las preguntas - La Vida de Viaje

    Nos despedimos de Viedma con ganas de quedarnos. El cielo estaba gris y las gotas de lluvia no tardaron mucho en caer. Nuestras intenciones de pedalear eran más mentales que físicas: la cabeza pretendía andar como siempre, las piernas se nos reían en la cara después de haber frenado siete meses. Una lucha de poderes que a los pocos kilómetros, con viento en contra y tormenta, nos jugaron en contra.

    La ruta de las preguntas - La Vida de Viaje

    Paramos para ponernos las capas de lluvia y una camioneta frena a la par nuestra. “Chicos, ¿quieren que los acerque unos kilómetros que se viene feo?”. “Nono, ¡gracias! Andamos con ganas de pedalear, recién salimos de Viedma”. Ni bien arranca la camioneta, y en menos de un minuto, se acerca un ciclista que venía pedaleando por un camino secundario. “Chicos, ¿quieren quedarse en mi casa en Viedma? Tengo lugar, pueden esperar a que pase el mal clima. Parece que va a seguir así durante todo el fin de semana”. “Nono, ¡gracias! Vamos a intentar llegar al próximo pueblo y ahí veremos qué hacer”. Moraleja: si dos señales de que ahí no tenés que estar aparecen en tu camino, elegí la primera o la segunda, pero nunca ninguna. Puede que te arrepientas todo el camino de haber dicho que no dos veces.

    El pueblo al que íbamos a llegar, nunca llegó. El viento en contra hizo todo mucho más lento y el cuerpo seguía sin respondernos. El humor empezó a decaer y las afirmaciones del tipo “hasta acá llegué” eran cada vez más reiterativas. Levantamos la moral comiendo unos chocolates que nos habían regalado en lo de Dani y que nos permitieron seguir hasta una lomada al costado de la ruta que se iba a convertir en nuestro lugar de acampe agreste esa noche.

    Armamos la carpa lo más tirante posible para que la lluvia no nos despierte, pero no hubo caso: la lluvia era tanta que las veces que me desperté para ver si no se filtraba agua fueron más de tres. Al otro día pudimos salir recién a la 1 del mediodía. La charla del desayuno con vista a un campo de vacas mojadas fue monotemática: este recorrido con el clima así va a ser difícil, pero vamos, ¡ya pasamos por esto un montón de veces! Pero no hay chances, por más que el terreno es llanísimo, hay algo que no está bien. Será el viento, la lluvia, la bici. No, nada de eso. A hacerse cargo de una vez: somos nosotros y las no-ganas de pedalear en estas condiciones.

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    Llegamos a Stroeder con sol y viento a favor, algo que se vuelve necesario para el espíritu cicloviajero después de horas de esfuerzo. Pasamos por una panadería, conversamos con un lugareño que nos recomendó acampar en la estación de tren y visitamos la comisaría para ver si era posible que nos den un lugar bajo techo para poder descansar bien. Un patrullero nos acompañó hasta la municipalidad donde armamos la carpa al lado de una camioneta estacionada. Después de cenar un café con una tortita de hojaldre y dulce de leche, nos fuimos a dormir olvidándonos del frío y la escarcha.

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    Al otro día el sol se escondió pero el viento a favor siguió. Ese día pedaleamos con la tesón de un deportista: mantuvimos los casi 25 km/h, aprovechamos el empujón, paramos cada 1 hora para comer un poco de fruta y seguimos así todo el día. Llegamos a Pedro Luro y nos desviamos hacia Fortín Mercedes, un predio salesiano que además de una iglesia, tiene un camping y un hotel de paso. Con las mismas intenciones de dormir bajo techo, entramos al hotel para preguntar si el camping estaba abierto y cuánto costaba pasar la noche en una habitación. La respuesta: el camping está cerrado y el hotel está lleno. Terminamos armando la carpa bajo un árbol, en frente del hotel y a metros del camping.

    Esa noche fue la peor de todas: las bolsas de dormir no calentaban, el frío de 7 grados bajo cero se metía por las costuras de la carpa, las horas de luna se hacían cada vez más tediosas. No dormimos, literalmente. Nos levantamos a las 6 de la mañana con dolor en el cuerpo y, yo al menos, con la decisión tomada: para mí el viaje se termina acá. No tenía sentido seguir así cuando había una parte de mí que quería estar en casa. Me subí a la bici enojada y me senté en el parador de la estación de servicio para desayunar algo calentito, frenar un camión e irme.

    Después de una larga discusión de pareja en la que no logramos coincidir, decidí hacer una tregua con mi mal humor y salir a pedalear para refrescar las ideas. Pero esta vez el que no quería saber nada con el viento era Andrés. Yo iba adelante y él avanzaba lento y cansado atrás. Hicimos solo 15 km y llegamos a un parador-paraíso en Hilario Ascasubi: una estación de servicio al frente, un restaurante a la derecha y habitaciones atrás. 3 en 1.

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    Dejamos las intenciones de comer fideos con queso para almorzar unos ravioles con salsa rosa y una milanesa con papas fritas. Dejamos la carpa que esa noche no queríamos ni ver, para darnos una ducha caliente y pasar toda la tarde dentro de una cama. Bajamos los cambios y volvimos a hablar, esta vez, más tranquilos. Y logramos poner los pensamientos en orden: la bici la seguimos eligiendo, pero queremos un espacio donde poder trabajar, descansar y llegar a los lugares que sí queremos andar y no pedalear por pedalear. Queremos poder unir esas distancias que en bici se nos están haciendo largas y andar más livianos y libres para poder decir: “vayamos a este lugar metido en las montañas y por cuatro días lo recorremos entero”. Queremos poder unir este gusto por la bici con la de su primo, el kayak, y decir “¡hoy a la tarde salimos a remar!” y hacerlo. ¿Y si pensamos en una combi donde cargar bicis y kayaks?

    Esa fue la pregunta brújula.

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    Cuando llegamos a Bahía Blanca pensamos que mientras eso tome forma, vamos a seguir pedaleando por las provincias de Argentina que aún queremos conocer. Pero algo tenemos en claro: si una de nuestras premisas es hacer lo que hacemos con pasión y con entusiasmo, el norte tienen que ser las ganas. Ser fieles a lo que queremos hacer sin tener miedo de cambiar ni ver las decisiones del pasado con nostalgia, sino aceptando que somos seres humanos que sienten con el corazón y no con la cabeza. Que el motor sea reinventarnos, a cada paso y cuando lo sintamos.

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    Somos Jime Sánchez y Andrés Calla, amantes de la aventura y la vida al aire libre. En este refugio digital compartimos nuestro estilo de vida, relatos, fotos, info útil, consejos y muchísima inspiración.

    Comentarios

    • Juan Carlos Ercone
      12 marzo, 2017

      Magnifico el Blog. Estupendas las fotos y sobre todo, la pasión por viajar, conocer y sentir. Me reconforta mucho que tantos chicos abandonen la comodidad y la tecnología para tener un verdadero contacto con la naturaleza, la historia y la vida.

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    • Francisco
      31 diciembre, 2016

      Buenas!
      Vengo leyendo y ‘saboreando’ sus relatos hace un buen tiempo con las ganas de largarme a la ruta.. y esos días que imaginé mientras entrenaba o leía están llegando.
      Primero los respectivos agradecimientos, uds son como el envíon de un mayor qe desde el asiento te empujan-sueltan cuando aprendés a pedalear jeje. Aunque el día que realmente me lancé con 5 años fue sólo.. después de esas ayudas motivacionales.
      Quería consultarles como les fue con el tren.
      Yo lo quiero tomar, pero de Viedma a Bariloche, hace falta embalar la bici? Los bultos van con uno? Me gustaría saber sobre ello.
      Arrancaré a mitad de enero o antes desde gonnet (cercano a la plata) hacía Viedma.
      Recorrieron la 3?
      Bueno les agradecería de nuevo por esa info.
      Excelente blog.
      Saludos!

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    • Cabeza de Cactus
      13 octubre, 2016

      Se los extraña! Gracias a muchas cosas que leí en este blog, pudimos tomar la decisión de saltar a la aventura! y hoy los estaba leyendo de nuevo! me suelo colgar con las fotos mientras vamos preparando nuestro viaje! un abrazo enorme!

      Si tuviésemos que retroceder tres años (o cuando todo esto se empezó a gestar) y volver a elegir de qué forma viajar, la bicicleta encabezaría otra vez el primer puesto. Pero a veces, muy pocas veces, imaginamos cómo sería viajar de otra manera. Y a veces, muchas veces, cruzarse con otros cicloviajeros que aman y eligen una y mil veces su forma de viajar nos contagian las ganas de seguir: nos recuerdan, casi sin quererlo, el porqué de la elección de esta forma tan particular de vivir despacio, pero en movimiento.

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    • Lautaro
      3 octubre, 2016

      Felicitaciones: Personas como ustedes, son parte. de que el mundo pare, pare para pensar; para mirar ,para sentir, para dialogar , para soñar y animarse a soñar .Por gente como ustedes, cuando hablan con alguien, a ese alguien las palabras le entran por un oído, de vueltas en el cerebro , revolucionen y quizás no salgan las palabras despedidas por el otro oído. (digo quizás por lo difícil que es que la gente escuche, que la gente analice.Y puedan reflexionar).
      La vida de viaje, sigue sera en bici o será en combi. Lo importande que la vida sigue de viaje . Un abrazo desde Mendoza.

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    • Darío Cótica
      18 septiembre, 2016

      Hola!!! Los felicito por poder poner en práctica la pasión de viajar y pedalear, la cual comparto. El blog está muy bueno. Leyéndolo me surgió una duda, ¿cómo llegaron a hacer 800 km en ¡18 horas!? Y supongo que con viento en contra por esa zona. Son algo así como más de 40 km por hora. Me llamó la atención ya que además acarrean las alforjas y el carro. Ni Chris Froome lo haría tan rápido jaja… Me gustaría saber cómo lo lograron, qué comieron y cuánto pararon. Excelente el blog, ¡sigan así!

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      • 19 septiembre, 2016

        Hola Darío, como va?! Esos 800km seguro son los que hicimos en con el tren Patagónico que cruza toda la estepa desde Bariloche a Viedma. En bicicleta es imposible cubrir esa distancia jaja

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    • Mariano
      12 septiembre, 2016

      Hermosas reflexiones! Muy humanas todas… Creo que coincido con el último comentario en algo. Ya vivieron lo suficiente en Argentina, la conocieron en mayor profundidad más que cualquier otro viajero! Lo lindo de viajar en el mismo país es que las costumbres relativamente no varían desmesuradamente, el alimento, las marcas empresariales, la lengua y los acentos, la cercanía con la raíz, el no tener que afrontar burocracias fronterizas, etc, etc hacen que viajar sea algo más confortable.
      Es lógico que estar lejos y afuera de todo ese entorno que de alguna manera marca la propia mentalidad y forma de concebir el mundo genere cierto tipo de miedos, porque a pesar que todo siga siendo una aventura en el que cada escenario es nuevo el hecho de toparse con lenguas desconocidas, actitudes que hasta pueden resultar chocantes, rasgos fenotípicos muy distintos a los de uno, cosmovisiones que hasta pueden contradecir las propias, discriminaciones varias desde las culturas en las que somos extranjeros, etc, etc, etc… Sin dudas que contribuyen a la plena confianza y seguridad en el hecho de viajar porque cada jornada se constituye en un aprendizaje distinto al que se habría generado en el movimiento de viajar en el propio entorno nacional.
      Y no solo eso, hasta la concepción del invierno y el hecho de secarse por dentro como lo hacen los árboles es propia de una región que está acostumbrada a curtir las 4 estaciones.. Estar en otros lugares también desestructura eso, donde la noción de invierno no existe, o si existe no es tan palpable.
      Comer cosas nuevas, sentir nuevos olores, escuchar nuevas tonadas, llorar ante paisajes que parecían inalcanzables, sufrir el desencanto de sentirse extranjero y al mismo tiempo gozarlo, padecer el no entender la otra lengua y buscar alternativas básicas para la necesidad que surja, salir de la burbuja…
      La vida de viaje ya curtió la bicicleta, que no se sienta mal en abandonarla y encontrar nuevas formas de moverse, porque lo importante es viajar! Y si no hay movimiento pues que no se convierta en una carga o una culpa, porque la vida en sí misma ya es un viaje.. Mis mejores deseos para sus proyectos y gracias por tanta inspiración! Abrazos grandes…

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    • Lucas
      12 septiembre, 2016

      No será que Argentina los aburrió? Me los imaginaba pedaleando en Bolivia, Perú o en toda Latinoamérica.. Quizá la riqueza del intercambio cultural con las “otredades” los motiva nuevamente. Sino están encajados siempre en el mambo argento y eso creo que te termina consolidando el mismo estilo de vida que se venía llevando antes de comenzar a viajar.. En fin, lo digo desde mi experiencia donde rompí con esos moldes y una vez afuera de mi semiosfera cultural y arquetípica mental volví a sentirme pleno conmigo mismo.. Salud y buen viaje.

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    • Nicolas
      5 septiembre, 2016

      Chicos, su relato llego en un momento en el que me estaba haciendo las mismas preguntas. Hace unos dias tambien le escribí a Laura Lazzarino por lo mismo en su post crisis de África. Es que a veces entramos en una rutina vijero y el peso de ser viajero que hace que no replantiemos nuestra situacion, tal vez estar cansados, talvez no querer viajar, talvez cambiar la manera. En fin ya pasamos nuestras crisis viajeras con Eva y Walty. Queria contarles que tienen nuestro apoyo, gracias por compartir su sinceridad, viajar no es todo color de rosas y contarles que tambien cambiamos nuestro destino, cambiamos el vehiculo por un furgon y eso no llevo bastante mas tiempo del que esperabamos pero en 9 meses que llevamos quietos aprendimos mucho. Amamos nuestras las bicicletas y es por eso que como ustedes, planeamos llevarlas en el furgon, junto con un kayak que tb tanto nos gusta. En fin, muchas concidencias que llegan juntas, por algo sera no?. Estamos en 9 de Julio, Buenos Aires, si andan por aca nos encantaria conocerlos. Cuando arranquemos en unos meses, estaremos yendo primero hacia La Plata, talvez los podamos encontrar algun dia. Saludos! Nico, Eva y Walty, aprendices del camino.

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    • Viejo Vizcacha
      5 septiembre, 2016

      Bienvenidos al club! jajajaja
      A medida que pasa el tiempo, uno se aburguesa y quieras o no, la comodidad te atrapa. Particularmente viajo desde el año 99 y eso hace que ya tenga algunos miles de kilómetros recorridos… los primeros a dedo, los segundos en micros destartalados, luego en micros más lindos y ahora en avión je! El espíritu viajero es el mismo, pero como uno no le tiene que rendir cuentas a nadie ni demostrar nada a nadie, no está mal tomarse un taxi cada tanto cuando uno está cansado de patear una ciudad. Eso no te hace menos viajero ni menos digno. Hay muchos Y saben qué? hoy en día, cuando viajo a dedo lo hago por hobby… siempre sabiendo que si el tardan mucho en levantarme, tengo guita como para poder tomarme el bondi que pase y me lleve a un lugar abrigado. Lo mismo con el tema alojamiento… llevo más de 20 años de viaje en hostel y couchsurfing y la verdad que en el último viaje, couchsurfing me hinchó las pelotas porque no tenía un solo minuto para mí… así pasé del hostel de habitación de 20, a couchsurfing… a hostel con habitación privada… y si el viaje es corto, miro los hoteles con cariño! En fin… les aseguro que esto que les pasó, a los viajeros, nos pasó a todos! antes o después… salut!!!!

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    • Marcelo Troncoso
      5 septiembre, 2016

      Chicos muy lindo el relato. Yo lo viví en carne propia, y “solo” sin compania alguna. Hay momentos que ya no podés más pero al despertar en un nuevo día los pensamientos están mas relajados y volvés a salir a las rutas con entusiasmo. Juan villarino siempre fue mi referente y lo pensé todo el tiempo. Como el dice “yo tomo todo lo que te da el camino”…y cuando ya no podía más en la parte de ripio de la 40 sur de Mendoza una camioneta se paro y me dijo “vamos loco que aca no hay nada y a ranquil norte no llegas” ni lo pensé y subí. Claro que siempre con las ideas de Juan que no pasaba nada si me quedaba “tirado” en el medio de la nada por que tenia todo para ese momento. Pero como decimos siempre “por algo pasan las cosas” y tenia que subir en esa camioneta. Hoy aqui ya en casa, claro que fue mi primera vez y muy duro pero varias veces pense que nunca mas lo haria. Hoy les puedo decir que extraño horrores la ruta, la bici, todo !!!…la aventura de salir !!! de viajar !!.. La postura de no salir mas fueron en momentos dificiles como describen ustedes..lo fisico no importa por que tengo todo el estado del mundo y amé pedalear pero la soledad el viento y la lluvia fueron determinante para pensar que ya no queria hacerlo mas, y “”la rutina de la NO rutina” se hace presente. Llegar a un pueblo + desierto +pueblo +desieto + pueblo +desierto se hace tedioso y no dan ganas de nada. Bueno se me hiso largo el mail. Un placer leerlos, aunque no comente mucho su blog, pero gracias por todo lo hacen y brindan. Gracias Jime por ese hermoso libro que leo siempre y no me cansa…Gracias Andres..espero conocerlos muy pronto y hablar mas profundo de todo lo que me paso en el viaje, quizas ustedes me ayuden a procesar un poco mi aventura en bici. Abrazos !

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    • Claudio
      5 septiembre, 2016

      Los leo siempre,me impacto este .me pasa en mis ciclisalidas cortas con mi esposa aqui en tucuman.aveces lucho contra mi mente.porque las piernas se me rien.tengo 51 años muchas ganas de salir a pedalear la ruta.lucho con mis miedos.pero necesitamos salir con mi esposa.sacarnos esa duda.ustedes nos estan animando
      Gracias!!! Recuerden cuando vengan a tucuman los esperamos.

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