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    Crónica de una caída (o descubrir que Merlo tiene algo)

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    Llegamos a Villa de Merlo con la ansiedad de quien pisa una provincia por primera vez. San Luis, con nubes amenazantes y sol intermitente, anticipaba indecisión: era la primera vez en el viaje que teníamos todas las intenciones de quedarnos en una ciudad para recorrerla, pero no teníamos un lugar donde alojarnos.

    Existía la posibilidad de parar en la casa del padre de un lector del blog, pero no nos había confirmado nada. El Ministerio de Turismo de San Luis nos daba su apoyo con el tema del alojamiento en nuestro itinerario por la provincia, pero llegamos un fin de semana largo y no caía ningún correo en nuestra casilla.

    ¿Nos vamos o nos quedamos? ¿Cuánto dinero podemos gastar? ¿Paramos en un camping o en un hostel? Después de varias idas y vueltas, elegimos quedarnos y descansar en un hostel donde nos quedaríamos dos días como mucho.

    Del centro histórico vamos hacia la Avenida del Sol, el centro comercial de Merlo. Viendo el mapa nos damos cuenta que solo hay dos hostels en la ciudad así que no tenemos tantas alternativas para comparar. Últimamente suelo guiarme mucho por la intuición y del primer hostel algo no me convence. Salgo a la calle y le digo a Andrés convencida: “vayamos al otro porque siento que ahí sí tenemos que frenar”.

    Pedaleamos algunas cuadras más y vemos el cartel de entrada del hostel Casa Grande. Ya desde el vamos, estéticamente hablando, es el hostel de nuestros sueños: tiene un parque gigante lleno de verde, árboles y flores, una pileta enorme con un ying yang dibujado, cabañas por un lado y hostel del otro, arte en todas sus paredes y muebles, un mural que se gana las miradas de todos y además, un bar cultural al frente con una agenda repleta de música, poesía y lecturas. El lugar que debíamos conocer y donde debíamos estar.

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    Aclaración importante. Van a pensar que estoy loca, pero les quiero confesar algo: desde hace unas cuantas semanas que me hablo con el Universo (sí, ya era hora de que lo sepan). Creo mucho en las energías y en que si le pedimos algo con convicción, él escucha. Por eso mi decreto fue claro: que nos cruce con las personas que debemos cruzarnos para aprender lo que tengamos que aprender o para poder cerrar los círculos que estén abiertos.

    En la recepción conocemos a Sol, una de las chicas que trabaja en el hostel. Ella desde hace dos años vive en Merlo con su marido y su hijo y es una persona súper conectada con lo espiritual, con esa energía que no vemos pero que siempre está. Las primeras palabras que recuerdo de ella fueron:

    — “En Merlo suceden cosas maravillosas. Esas sierras de ahí (y señala las Sierras de los Comechingones que se ven a través de la ventana) tienen una energía especial”.

    y algo que me quedó muy grabado:

    “En este lugar del mundo te encontrás con la parte de vos mismo que menos escuchás. Acá empiezan o terminan cosas”.

    Esa misma noche, Andrés me encara con mapa en mano: “tenemos que definir qué rutas vamos a hacer y por dónde vamos a pedalear porque no llegamos con los tiempos”. Sucede que a fines de diciembre debemos estar en Bariloche por dos motivos: porque él va a trabajar una tercera temporada con Cuadrante Sur Kayak en el lago Gutiérrez y porque tenemos que entrenar para nuestra primera travesía por las aguas del lago Nahuel Huapi en marzo. Y a todo esto nos faltan recorrer las provincias de San Luis, La Pampa y parte de Río Negro.

    Me habla con el ceño fruncido, como si de verdad esto de no llegar con el calendario lo hacía sentir preocupado e incómodo.

    “¿Para qué apurarnos? ¿Llegamos a San Luis con ganas de recorrerlo a fondo y vamos a hacer todo rápido? Descartemos Río Negro y La Pampa y los días que nos quedan de acá a diciembre aprovechemos para hacer San Luis tranquilos. Más adelante retomamos lo que quede pendiente”. La simpleza de mis palabras me llamaron la atención porque hasta ese momento venía en piloto automático y nunca lo había pensado así hasta que lo conversé con él.

    Intentaba hacerle entender a Andrés que la velocidad viajando en bicicleta no funciona. Que no es necesario apresurarse cuando la idea de nuestro viaje es otra. Que no quiero ver los kilómetros pasar sino que quiero vivir esos kilómetros.

    Al día siguiente recibimos un email del Ministerio de Turismo de San Luis diciendo que nos habían conseguido alojamiento. “Evidentemente tenemos que quedarnos más días acá”, pensé. Nos mudamos a una posada, conocimos a Silvia y Fabián y conversamos con ellos sobre qué hacer y ver en la ciudad. Nos recomendaron dos recorridos: el camino de Pasos Malos y el del Filo que llega hasta la cima de la sierras.

    Dejamos el equipaje en nuestra habitación, separamos dos alforjas para llevar la malla, algo de fruta, la cámara de fotos, un cuaderno y salimos a andar.

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    La ruta que comenzó llana empezó a inclinarse y a encurvarse cada vez más. Como suelo putear bastante estos caminos (una cosa es que formen parte de nuestro recorrido para unir un punto A y un punto B (igual acá también puteo), pero si los días de descanso también pedaleo, me pudre. Prefiero hacerlos en auto, en moto o en cualquier medio de transporte que no impliquen esfuerzo), opté por callarme y quitar mi atención del dolor de mis piernas y concentrarme en el paisaje de montaña que pasaba muy (muy) lento al lado mío.

    La recompensa fue llegar al arroyo Pasos Malos: un paraíso entre rocas, cascadas y ollas de agua natural.

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    Después de dos horas, decidimos volver a la ciudad. Eran las 7 de la tarde, pero todavía el sol estaba alto. Agarramos las bicicletas y nos miramos con ojos de adrenalina porque todo lo que subió, ahora tenía que bajar.

    Andrés prende la cámara para filmar y me dice:

    — “¿Nos vemos abajo?”

    — “Dale, pero tampoco vayas tan rápido”.

    Empiezo a pedalear y él me pasa a los pocos segundos. Suelto un poco el freno, pero cuando me doy cuenta que de 30 km/h el velocímetro alcanza los 45 km/h en un abrir y cerrar de ojos, vuelvo a frenar otra vez.

    Bajo despacio mirando el paisaje y frenando aún más en las curvas cerradas (cerradísimas) del camino hasta que me lo encuentro a él y a sus cosas desparramadas en la banquina:

    La bicicleta tirada.

    La alforja de un lado.

    El bolso manillar del otro.

    Los lentes por allá.

    La gorra del otro lado.

    Y Andrés parado boca abajo atándose el pelo.

    Ahora la que tenía el ceño fruncido por la preocupación era yo.

    Bajamos despacio, cada uno en su mundo. Las preguntas empezaron a hacer fila como para empeorar aún más la situación: ¿y si le pasó algo grave? ¿Y si me quebré el brazo? ¿Y si nuestro viaje se termina? ¿Y si ahora no puedo remar?

    — ¿A qué velocidad te caíste?

    — 65 km/h

    No quise sacarme ninguna duda más.

    Dejamos las bicis en la posada y nos vamos al hospital, pero como en todo establecimiento público, la cola es infinita. Decidimos ir a un traumatólogo privado, pero uno estaba en un congreso de médicos y otro ya no atendía. Volvemos al hospedaje a las 9 de la noche, le cuento lo que pasó a Silvia y a Fabián y nos llevan con el auto otra vez al hospital. Esta vez había solo dos personas delante nuestro.

    Chequeo con un clínico, orden de placa e inyección con calmante y antiinflamatorio.

    La placa descarta la posibilidad de que sea algo óseo y la visita al traumatólogo confirma que solo fue un traumatismo. Más antiinflamatorios y reposo por cinco días como mínimo.

    El augurio de un próximo fin de semana largo nos complicaba la estadía en la posada porque ya estaban todas las habitaciones reservadas. Se nos ocurre contarles la situación a los chicos del hostel, decirles que el presupuesto no nos da para pagar tantos días y ver qué podemos hacer para quedarnos unos días allá.

    Sol responde mi mensaje diciendo: “Chicos, vengan”.

    Nos vamos caminando. Yo arrastrando la bici de Andrés, él con un brazo arrastrando la mía (por suerte eran pocas cuadras).

    Llegamos al hostel y nos dan una habitación compartida: “quédense los días que necesiten”. En situaciones así, cuando no tenés a nadie que te pueda dar una mano, los amigos que te da el camino son todo.

    Pasaron los días entre hielo seco, más antiinflamatorios, brazo inmovilizado y trabajo de computadora. También aprovechamos para caminar, para sentarnos a hacer nada, para leer y para andar más lento que cuando estábamos arriba de la bici.

    En una de esas salidas nos sentamos en la plaza del centro histórico, charlamos y nos acordamos de que no habíamos visto las fotos de Pasos Malos. Cuando abro el estuche de la cámara me quedo con medio lente en la mano. Claro, con el impacto de la caída se rompió el lente.

    — “Prefiero que se haya roto el lente y no tu hombro”, le digo a Andrés.

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    Fuimos una, tres, seis veces al centro histórico

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    Y a pesar del mal trago con la cámara, sacamos fotos igual con el otro lente

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    A los dos días conocemos a Cristian y a Marcela, dos viajeros en moto que nos invitaron a subir al filo de las sierras en auto

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    Si hay algo que sobra en Merlo son piedras energéticas

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    Cuando llegamos al Filo solo vimos nubes (después se despejó)

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    Abajo de esas ondulaciones hay una panorámica del valle de Conlara

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    Nos sentamos para charlar y matear

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    Lugar que vemos, lugar con piedras 

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    y verde que brota del suelo

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    Vemos pajaritos con pecho naranja flúor (no se ve en la foto pero juramos que tiene ese color)

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    Hay un parque de aventuras donde se puede hacer tirolesa, escalada y cruce de puentes colgantes 

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    M-i-e-d-o

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    También se puede volar en parapente, pero nos quedó pendiente

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    Y mientras todos se divierten…. Andrés, en sus primeros días de reposo (¿y reflexionando sobre la caída?) 

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    Ese lugar de allá abajo con techos verdes es el Mirador del Sol que está a 1600 metros de altura (esta foto fue sacada a los 2100)

    A la tarde siguiente decidimos salir a andar una vuelta en bici para ver cómo se sentía Andrés. No recuerdo exactamente hacia dónde fuimos (seguro que al centro histórico), pero sí me acuerdo de las palabras que vinieron después: “me sigue doliendo el hombro”.

    Pasaron 10 días desde la caída y todavía le duele. Y si la idea es ir a Bariloche en verano, no nos queda otra que frenar todos los planes para que se recupere bien. La decisión costó pero la tomamos: al otro día nos tomamos un micro a Villa Mercedes (una ciudad a 180 km de Merlo en el sur de San Luis) para estar tranquilos en la casa de un amigo, desarmar las bicicletas y mandarlas a Bariloche, e irnos nosotros unos días a Buenos Aires para que se haga más estudios y ver cómo continúa nuestra vida de viaje.

    **

    Moraleja de la historia

    Somos humanos, no súperhéroes: a usar casco y a no excederse con la velocidad ni con la confianza que un segundo de descuido puede cambiar todos tus planes. Hay que ser consciente que no se puede poner en juego todo un proyecto (¡y la vida!) por 5 minutos de bajada y adrenalina. Dicen que se aprende a los golpes, pero podemos evitar ciertas literalidades.

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    Resultados de los estudios médicos

    “Se visualizan cambios en la señal a nivel del tendón del supraespinoso compatible con tendinosis.
    El resto de los tendones del manguito rotador no muestran alteraciones.
    No se visualizan signos de edema óseo.
    Aumento del líquido a nivel de la articulación acromio-clavicular a correlacionar con antecedentes.
    Labrum de características normales”

    En otras palabras: nada que unas buenas sesiones de kinesiología y reposo no puedan arreglar 🙂

    ¡GRACIAS!

    • Al Hostel Casa Grande por darnos un hogar y muchísimos abrazos cuando más lo necesitábamos.
    • Al Ministerio de Turismo de San Luis por la predisposición que tuvieron con nosotros.
    • A Silvia y a Fabián de Posada del Valle por la atención y buena onda.
    • A la familia Castillo por cuidarnos y recorrer con nosotros la ciudad de Villa Mercedes.
    • A todos los que mandaron mensajes y se preocuparon.
    • Al Universo por cruzarnos con las personas exactas en el momento justo.

    ☞ Este es un post patrocinado, lo que significa que nos recibieron en los hospedajes a cambio de mencionarlos en el blog. Nuestras opiniones son independientes, personales y objetivas, y están basadas en nuestra experiencia real.

    Somos Jime Sánchez y Andrés Calla, amantes de la aventura y la vida al aire libre. En este refugio digital compartimos nuestro estilo de vida, relatos, fotos, info útil, consejos y muchísima inspiración.

    Comentarios

    • Maria Eugenia
      12 abril, 2016

      Es increible como obra el Universo, que bueno que llegué por acá! Me encantó la crónica y ahora quiero ir mucho a Merlo. Un abrazo!

      responder
    • 11 febrero, 2016

      bellas imágenes de mi querido amigo, hermoso trabajo que hagas, espera ver más

      responder
    • TOTI
      7 febrero, 2016

      “Que grandes chicos…..!!!!!!”Realmente al leer sus comentarios, inmediatamente me subo a sus bicicletas (cómoda yo porque pedalean ustedes).Me encantan esas aventuras, y ya será materia pendiente, porque tengo 63. De todos modos he recorrido casi toda la Argentina en vehículo( nada que ver con la bici,obvio) y soy muy observadora y curiosa (fotógrafa ademas).Tus descripciones Jime son geniales, por eso me subo a la bici.Admiro profundamente, por decirlo de algún modo, sus delirios soñadores y libres para crecer hacia abajo o hacia arriba, a la derecha o a la izquierda, tanto como sus espíritus y la vida les permita.Qué Dios los acompañe siempre y nos sigan permitiendo disfrutar sus aventuras.

      responder
    • Almudena
      7 enero, 2016

      ¡Ouch!, que dolor debió de pasar Andrés, espero que te recuperes pronto. A veces las cosas no pasan como uno quiere, parece que estamos preparados para todo, pero hay situaciones que vienen sin avisar. Seguro que en nada estáis otra vez en el camino y listos para seguir con vuestro gran viaje.
      Saludos desde España!!

      responder
    • sandra morero
      29 diciembre, 2015

      chicos estuve hablando con ustedes en la expobici 2015, se que tienen todo por delante, con esa energia que sale por los ojos encendera caminos nuevos!!!!

      responder
    • Alex Ferrero
      22 diciembre, 2015

      Que palo!!

      Y uno se aliviana en la Bici y quiere volar, y Andrés voló…

      Chicos que alegría que el diagnóstico sea solo unas sesiones de kinesio. No hace falta que te diga Andrés que tienen que ser las sesiones más rigurosas de tu vida. A falta de casco, podría haber sido peor.

      Un abrazo enorme y un placer haberlos saludado en la Reunión viajera de Buenos Aires.

      responder
    • Cecy
      21 diciembre, 2015

      AMO MERLO!!
      Mucha suerte chicos, ojalá que te recuperes pronto Andrés y puedan seguir!
      Un abrazo y feliz año!

      responder
    • carlos cantor
      20 diciembre, 2015

      Bueno, aunque son unos valientes, no olvidar las normas de seguridad en la cicla, para algo se hicieron. Que todo les vaya bien en este tramo. Gracias por permitirnos conocer algo de vuestro país, realmente encantador, como toda nuestra América del Sur, el paraiso, aunque hay muchas “serpientes” atormentando la vida. Bendiciones.

      responder
    • Daniel Terstardini
      20 diciembre, 2015

      Hola Jime-Andres, que garrón!!!, bueno pero por suerte lo están superando, no se si te acordarás de mí (todavia los estoy esperando con el asadito en Trenque Lauquen), que lástima que no pudieron seguir en bici, capaz que pasaban por acá.Los sigo desde que los descubrí cuando salieron de Ushuaia, (creo que andaban por El Chalté), desde ese día tengo todos tus blog en los archibos de la compu.Les deseo una pronta recuperación a Andres, sigan adelante con sus sueños y mostrandonos ésta hermosa Argentina que tenemos.Felices Fiestas!!!,(por lo que veo la pasarán con sus flias.),y un venturoso 2016.Abrazo Grande

      responder
    • andrea
      20 diciembre, 2015

      Hermosa travesía y gran experiencia de vida! X suerte no fue nada grave! A seguir pedaleando que los q vivimos en la locura del día a día laburando y en la monotonía disfrutamos de leer estas cosas! Muchos éxitos!!

      responder
    • Betiana
      20 diciembre, 2015

      Chicos, es la primera vez que me detengo a leer su blog y me encanto!!! También soy viajera :). Si bien he ido a varios lugares. Para mi no hay otro que me haga más feliz que mi lugar de trabajo, Valle Las Leñas, Mendoza. Siempre paso por San Luis ya que el recorrido desde Bs As a Mendoza me obliga a hacerlo, sin embargo; nunca pare en la ciudad, por cuestiones de tiempo y de querer hacer todo mientras no estoy viajando… Y andar con los días ajustados para visitar familia y volver a partir. Después de leer esto, creo que San Luis es parada obligatoria la proxima vez. Gracias por los datos y consejos, me dieron ganas y me sacaron una sonrisa. Buenas rutas ?

      responder
    • 20 diciembre, 2015

      Que bueno que no fue grave.
      Saludos y a seguir observando lo que otros solo miran.

      responder
    • walter
      19 diciembre, 2015

      que cagada…peroo bueee..parte del viaje…..paret de la histroia de la vida misma…..arriba y exitos..!..qe siga esta increible vida de ustedes dos…!!….

      responder
    • charly
      19 diciembre, 2015

      Chicos, Dios y el universo dirigen las cosas.
      Que se reponga pronto Andres y puedan seguir su sueño. Muchas Bendiciones!!! Cariños desde Baradero pcia de Bs As.

      responder
    • Walter
      19 diciembre, 2015

      Fuerza chicos!!
      Imagino lo difícil que debe haber sido tener que tomar esa decisión de frenar… una verdadera pena. Pero como comentaron por ahí, de todo se aprende, cosas que te enseña la vida. Todo va a seguir su camino, si aman viajar, pues seguirán viajando. Aquí los seguimos esperando por Bahía Blanca. Un gran abrazo y a disfrutar de Bariloche.

      responder

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