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    Mucho más que agua

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    “El agua es un ser vivo, inteligente y genial, y solamente hemos logrado descifrar fragmentos de los secretos que encierra. El agua pertenece a un orden superior”. Peter Gross

    La imagen que tenía del lago Mascardi era estática, tímida y parcial, sacada por mi ojo fotográfico desde el balcón de la Ruta 40 hace unos años atrás: una postal de agua azul profundo enmarcada por árboles color verde musgo. Eso era todo lo que podía ver, ni un detalle más ni un detalle menos.

    Sin embargo había algo de ese lago que me intrigaba. Quizás por esa fotografía que alcancé a tomar y que me despertaba curiosidad. Esas aguas rodeadas de árboles eran una invitación a que descubra lo que mis ojos no habían alcanzado o podido ver. Y como no me gusta tener más preguntas que certezas, la insistencia a Andrés para que las rememos fue creciendo con el paso de los días.

    El Mascardi está muy cerca de la ciudad de Bariloche, más precisamente entre los lagos Gutiérrez y Guillelmo. De los tres es el más grande (60 km de costa), tiene forma de V, una isla llamada Corazón y el imponente cerro Tronador en uno de sus brazos. Serían tres días de remada parando en los campings que están ubicados en las cabeceras con almuerzos y descansos en las playas que el lago y el viento quieran.

    Esta iba a ser nuestra segunda vuelta (la primera fue por el Gutiérrez) y la que iniciaría nuestras travesías en kayak por los lagos de la Patagonia. Por eso todo tiene sabor a nuevo: remar durante tantas horas arriba de un bote, estar en una misma posición por más de una hora, exponerse a los desórdenes del clima, pasar más tiempo en agua que en tierra…

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    Llegamos a la cabecera norte del lago casi al mediodía. Es durante los minutos previos a la salida cuando cargar los kayaks se convierte en un verdadero juego de ingenio: qué ponemos en el tambucho de adelante, qué bolsas secas pesan más y cuáles menos, cuáles son las de la comida para dejarlas a mano, qué no vamos a usar durante el día para dejarlo en el fondo del tambucho de atrás. El resultado: un tetris de bolsas de colores ideal para aquellos que necesitan ejercitar memorias.

    Si tengo que elegir cuál es la primera sensación que me descoloca de esta nueva forma de viajar, es el brevísimo instante en el que hay que levantar y arrastrar el bote al agua para empezar a remar. Porque el kayak pesado se vuelve una pluma, porque se desliza confiado en la superficie que lo sostiene, porque queda flotando a la espera de alguien que sea su motor.

    Una vez arriba, todo cambia. Y cuando digo todo lo envuelvo todo: la magnitud del cielo, las formas de las nubes, el calor del sol; los picos, la altura y las laderas de las montañas, el vuelo y nado de los cauquenes; los coihues, sus hojas y troncos, la textura de las piedras y los muelles, la ruta, los sonidos que trae el viento, los aromas del aire, las profundidades del lago (un mundo nuevo), los colores (el azul noche, el turquesa brillante, el verde oscuro, el verde esmeralda), el movimiento del cuerpo (porque las piernas delegan su principal tarea) y el sentido de la velocidad y del tiempo.

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    Somos seres de tierra: las plantas de nuestros pies nacieron con raíces y con ese sello observamos el mundo. Pero en el agua ampliamos la mirada. En el agua lo conocido se vuelve nuevo. En el agua adoptamos una perspectiva diferente a la acostumbrada.

    Y desde ese lugar hasta los detalles se transforman: el árbol hundido con cuerpo de sirena y cabeza de animal, el paredón de piedra color gris pero también verde pero también violeta y las parejas de cormoranes y gaviotas (siempre de a dos, siempre juntas) que avanzan tan despacio con sus patas como nosotros con nuestros remos.

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    El primer día remamos 18 km en total. El pronóstico anticipaba que el viento iba a ser solo una brisa, pero la ráfaga no nos da tiempo ni para pestañear: el soplido que siempre viene de la Cordillera de los Andes (oeste) vaya uno a saber en qué cerro rebota para que la ola nos lleve cada vez más cerca de la costa. Pero el viento así como apareció, se fue. Y el sol se empieza a sentir cada vez más sobre la piel y el agua (ahora tranquila) nos calma.

    Desde chica siempre escuché decir una frase un tanto imprecisa: “el agua tiene algo”. Recuerdo a mi mamá y sus ganas irreemplazables de pasar veranos al lado del mar. Me acuerdo de mi expresión cuando vi el color del agua la vez que viajamos al Caribe en familia: me dejó atónita. Lo mismo me pasó con los lagos del sur: mi mirada panorámica se posó en sus tonos que se oscurecen o encienden según el fondo y mis pies gritaron al sentir el frío del agua en los huesos.

    Flotar, sea donde sea, me regenera. Y siempre, pero siempre, el agua me hace bostezar hasta las lágrimas. Será que mi cuerpo se siente cómodo y recuerda en esos momentos que él también es agua. Lo miro a Andrés, y aunque el plan era frenar más adelante, paramos en una playa solitaria y de arena donde los botes quedan estacionados en diagonal. Ni alcanzo a sacarme la ropa, porque las calzas y remera de neoprene me están prendiendo fuego la piel. El primer chapuzón me hace arder la cabeza por el chispazo de temperaturas entre el agua helada y mi cuerpo caliente.

    Me quedo en el agua más de 20 minutos. Floto y las montañas. Nado y las gaviotas. Me sambuyo y los juncos. La magia del agua y su mensaje oculto. ¿Por qué el agua? ¿Qué debemos explorar y aprender del agua más allá de toda esta aventura?

    El primer día es el de la contemplación. El ritmo del viento que modifica el sentido y la velocidad del agua, el movimiento del cuerpo que copia el ajetreo de las olas, nadar con los ojos en silencio, las islas de piedra que emergen de la nada.

    Volver a las noches de carpa, las charlas al fuego y el té de las mañanas. Volver al ritmo de la vida de viaje.

    El segundo día remamos 17 km. Las nubes le suman textura al cielo que hasta ayer estaba limpio. ¿Dije nubes? Como algo que no tiene importancia en lo cotidiano, en el agua se convierte en un actor principal. Porque la mirada se posa en los detalles aunque los detalles dejen de ser anexos. Estamos, por primera vez, en lugares que casi no han sido intervenidos por el hombre porque en este segundo día de travesía dejamos la costa de casas, autos y lanchas para pasar a la margen opuesta.

    Como el lago está planchado cruzamos en diagonal hacia la isla Corazón. Desconozco si hay historias románticas en su superficie, pero su perímetro copia la forma de un corazón que, visto desde arriba, es perfecto. La rodeamos y almorzamos en su costa acolchonada de hojas y troncos dormidos.

    De repente, la ráfaga (o cómo en un minuto el agua empieza agitarse y la calma se vuelve una anécdota). El viento en contra siempre nos hace pensar en dos posibilidades: o se puede poner peor o se puede quedar así. Y a diferencia de la bicicleta, el agua te hace pensar: que cuál es la mejor manera de salir con la ola rompiendo sobre las piedras, que si no lo hacemos rápido nos va a llevar para el paredón, que si remamos para atrás están los troncos, que tenemos que entrar al kayak rápido, que conviene que rememos hacia la bahía de enfrente para no tener la ola de costado.

    El segundo día es el de la atención. Ver la punta del kayak y concentrarnos en los movimientos. Olvidarnos de los árboles de la costa, de las nubes, de los pájaros, de las fotos y de las palabras. Gritarle pido al viento para tener un minuto de recreo: las ráfagas aflojan y nos quedamos flotando en el agua, con la atención puesta en el macizo frente a nuestros ojos: el Tronador, un volcán cuya última erupción fue hace 10 mil años atrás. Es uno de los cerros más altos de la Patagonia argentina y tiene siete glaciares.

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    El tercer día remamos 25 km. Los ojos siguen dándose vuelta para ver al Tronador y el tiempo se suspende. Hoy no hay nubes, pero sí vacas pastando sobre la costa. Hoy tampoco hay sonidos, pero sí reflejos sobre el agua. Hoy no remamos cerca del bosque, pero sí por el medio del lago: está tan sereno y el Tronador tan fotogénico que rompemos la linealidad de la travesía.

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    Me observo desde afuera. “Mirá lo que estás haciendo. Mirá dónde estás”. Nunca imaginé que podía ser capaz de pedalear o remar kilómetros porque siempre creí en mi condición de chica de ciudad y en esa comodidad me manejaba.

    Hasta que conocí la naturaleza.

    Hoy ella me enseña los ciclos de la vida. Hoy ella me nutre como a un árbol. Hoy ella es la que me hace confiar en mí. Hoy ella me muestra que puedo hacer muchas más cosas de las que pensaba.

    Viajar en kayak tiene metas finales y parciales. La meta final es completar un lago en su totalidad o cumplir los kilómetros diarios. Las metas parciales son los puntos intermedios a los que se pretende llegar y que no están dentro de ninguna planificación: esa bahía, la playita de allá, la piedra de ahí, el tronco caído de enfrente o la isla de piedra con un poco de sombra. Así nos pasamos la tarde: decidiendo paradas espontáneas porque el viento empieza a soplar y las piernas necesitan salir de la posición horizontal.

    El tercer día es de la consciencia. Consciencia del tiempo presente. Consciencia de lo que estamos haciendo. Consciencia de que remar es tan espectacular como diferente a todo. Consciencia de la plenitud que sentimos. Consciencia de la belleza primitiva que nos rodea.

    Llegamos al punto de partida y no queremos que la travesía se termine, pero sabemos que la próxima será seis veces más grande, por el cuarto lago más importante de Argentina, durante 17 días y 400 km. La próxima será por el titánico lago Nahuel Huapi.

    Somos Jime Sánchez y Andrés Calla, amantes de la aventura y la vida al aire libre. En este refugio digital compartimos nuestro estilo de vida, relatos, fotos, info útil, consejos y muchísima inspiración.

    Comentarios

    • Gustavo
      17 abril, 2016

      Jime y Andres! Queridos amigos!
      Lei pas travesias por el Gutierrez y el Mascardi…. las fotos y los extos son poesia pura!

      Espero ansioso a mi querido Nahuel Huapi! Donde la zona de puerto manzano, las balsas, arrayanes y otros rinconcitos son como el fondo de mi casa, lugares conocidos.

      Seguramente estos viajes nos lleven al lugar mas cercano y lejano a la vez, al corazon de nuestro propio ser! Abrazos para ambos y a seguir cumpliendo sueños!

      Gustavo

      responder
        • Gustavo
          1 mayo, 2016

          Feliz dia del trabajador de sueños 🙂

    • 31 marzo, 2016

      Textazo!

      responder
    • Musicos Viajeros
      31 marzo, 2016

      Felicitaciones chicos por el post!! Pasear en kayac por esos lagos no tiene precio. Una experiencia espectacular
      Sigan así !!!

      responder
    • sergio rios
      22 marzo, 2016

      Si vos te ves de afuera y no lo podes creer, que queda para nosotros….. verte ahi, en esos lugares haciendo esa vida de naturaleza pura, feliz, disfrutando de cada momento y como siempre con una claridad de relato única. Como siempre los felicito, las fotos son espectaculares, la experiencia increible, y siempre logran por un ratito cuandol los leo, trasladarme ahí con ustedes, ESO ES MAGIA PURA. !!!!!!! , VAMOS POR EL NAHUEL !!!!!!, besos a los dos, los quiero mucho.

      responder
    • Hugo -Pergamino
      17 marzo, 2016

      Hola Chcos muy buenas fotos nos hace ver sigan sacando muchas es como que nos hacen sentir que también uno está con Udes. Sigan mostrando ese sur que es tan lindo y pesquen algunas truchas de paso jeje.
      Abrazos Hugo

      responder
    • Vicky Campana
      17 marzo, 2016

      Me encantó la nota, además me hace acordar a una travesía en kayak que hice 2 días en Abel Tasman, Nueva Zelanda! La sensación de viajar por el agua, de tener otra perspectiva dentro del agua es increíble!
      Además adoro los lagos del sur! Que hermosas fotos sacaron chicos!
      Algún día voy a salir a recorrer en bici como ustedes

      Que sigan conociendo lugares, remando o rodando! exitos

      responder
    • 17 marzo, 2016

      Hermoso relato de lo vivido. Que belleza vivir la vida así los felicito por animarse a vivir la vida descubriendo todo de la naturaleza cada día.

      responder
    • Paola
      17 marzo, 2016

      Rodando o remando, y como ustedes contestaron, ¡viviendo! sigan nutriéndose de naturaleza, de vida… y sigan creyendo y haciéndolo posible, para que así los que soñamos con lo mismo visualicemos un mañana no tardío, buenos vientos… :D, abrazos

      responder
    • Nadia
      17 marzo, 2016

      Buenas rutas, buenas corrientes mis queridos!
      Me pone muy feliz verlos superar metas cada día. Besos gigantes y hasta la próxima leída.

      responder
    • Chobe
      17 marzo, 2016

      Pufff… alucinante.. viajo viajo con esas fotos!!
      Y no puedo con mi genio, la pareja de patos de una de las fotos se llama pato vapor o quetro volador, es un bicho alucinante!

      No se puede creer lo que estan haciendo, una belleza.. felicitaciones chicos!! Un abrazo enorme desde aca!

      responder
    • Damian Tornillo
      17 marzo, 2016

      Espectacular!! Vamos con el Kayak!! los felicito! 😀
      Me ayudan a escapar de lo monotono y a recordar que la vida es mucho mas simple de lo que uno cree, hay que simplificar las cosas y ser feliz!
      Gracias por compartir!! Un gran abrazo!

      responder

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