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Semana 4: “El día que levanté un kayak y me quedé dura”

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8 de la mañana. Suena el despertador del celular. Estiro el brazo y lo apago. Abro un ojo, escucho la respiración de Andrés al lado mío, abro el otro ojo, me estiro, bostezo y tengo toda la voluntad de levantarme pero no tengo ganas. “Jimena, dale… arriba”. Lo despierto a Andrés y juntos, salimos de nuestra casa-carpa. El día está lindísimo: mucho sol, poco viento y el lago Gutiérrez planchado. Se siente un lindo calorcito que rondará en los 16 grados. Vamos al vestuario, nos lavamos los dientes, nos peinamos y nos ponemos la malla. Arrancó el día.

Caminamos hasta “la casita” de Cuadrante Sur (que está bien cerca del lago), saludamos a los chicos, sacamos los remos y el equipo para la próxima salida guiada de las 10.30. Cuando está todo listo, preparamos unos mates para esperar a Kike, que todos los días trae en su camioneta a los pasajeros que quieren dar un paseo en kayak por uno de los lagos más lindos de Bariloche.

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Podría seguir describiendo “ese día” pero la realidad es que les estaría mintiendo. No lo viví así ni un poco. Y es que, en verdad, estas últimas semanas no las estuve viviendo tan tranquilamente, ni tan pausadamente, ni tan vívidamente (¿existe?), ni tan felizmente. “Que esto no me sale, que no puedo, que dale lo tenés (y debés) hacer bien, que deben de pensar que soy una bolu%$, que esto, que lo otro, que bla bla bla”. Lo lindo de estar en Bariloche, de haber vuelto a viajar, de sentir la naturaleza tan cerca pasó a un tercer plano. No la estaba pasando bien y la única responsable era yo. Yo y mis autoexigencias, yo y mi mochila pesada que tiene cocido un parche algo viejo que dice en letras grandes rojas y negras “SúperJime” o “la-que-puede-hacer-de-todo-y-hace-todo-bien” o “la-que-todo-lo-puede-y-no-puede-hacer-nada-mal”.

En fin. Ese “cassette” (sí, cuando era chica existían) durante años y años sonó en mi disco duro. Hasta que un día, me vi vulnerable (¿yo?, ¿la chica que todo lo puede?), me vi insegura, vi que mis súper poderes se convirtieron en una calabaza después de las 12 y ¡zaz! ¿Acaso yo no era lo que pensaba? ¿No era que podía con todo? “No. Sos humana”. Pero yo hacía oídos sordos.

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Practicando un autorescate

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Esta vez, entrenando para un futuro viaje en kayak, me volví a sentir así. Mis exigencias de siempre salieron a la luz. En lugar de hacerle caso a la frase “relájate y goza” en un momento empecé a sentir lo contrario. Y bueno, no es que los que viajamos viven felices y contentos por el mundo: ojo, no digo que no, pero todos tenemos nuestros “mambos” y éste es el mío.

Durante este tiempo la limé tanto (o me limé tanto) que ese día que me levanté a las 8, que sonó la alarma del celular, que abrí un ojo, que estiré el brazo y la apagué, que abrí el otro ojo… esa misma tarde, mi cuerpecito dijo: “flaca, cortala”.

Ayudando a los chicos a meter gente en el agua arriba de los kayaks, hice un mal movimiento y sentí una puntada en la lumbar. “Acá no pasó nada”. Pero sí, había pasado algo. Los próximos 4 días seguí remando, seguí subiendo y bajando kayaks… hasta que el quinto día cuando salí de la carpa y me paré, no podía caminar del dolor. Tenía que frenar y mi cuerpo me pasó factura.

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Esa misma mañana me llevaron al Sanatorio San Carlos. Allá me atendió un médico de guardia, me revisó (muy poco a mi gusto), me dijo que tenía un desgarro muscular paravertebral (sin siquiera hacerme una resonancia) y me recomendó que busque en Google cuáles son los correctos movimientos que tengo que hacer con la cintura (como por ejemplo, cómo me tengo que levantar del colchón o cómo agacharme para levantar algo que está en piso). No le dije nada pero si tenés el título de “médico”, ¿por qué no me decís vos cuáles son esos movimientos que los tengo que buscar en Google? En fin, así es esta era. Me recetó un antiinflamatorio para los próximos 5 días y me recomendó que me ponga calor en la zona. “Después de esta semana, vas a sentirte bien. Ahora sólo hacé reposo durante 72 horas”.

Pasaron los días y cada vez estaba peor, hasta que uno de los chicos de Cuadrante Sur me aconseja: “Jime, andá YA a un traumatólogo”. Llamé a Assist-Med (la asistencia al viajero que nos cuida en nuestros viajes) y me derivaron al Centro Traumatológico Bariloche. Cuando le cuento al traumatólogo lo que me dijeron en el San Carlos, me revisa y me dice: “tenés poca sensibilidad en la pierna derecha y pocos reflejos, te duele la zona lumbar y el dolor baja en línea recta hasta el medio de la cola… no tenés un desgarro y no entiendo cómo te dijeron eso porque es evidente que se te inflamó el nervio ciático”. ¿El ciático? Y ahí se me vinieron a la cabeza los dolores que tuvo mi papá hace un par de años por el bendito ciático… con razón ya no podía caminar. Durante 3 días me tuve que inyectar Flexicamin B12, tuve que hacer otras 72 horas de reposo y en lugar de calor, el médico me recomendó que me ponga frío.

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Tuve que parar con el entrenamiento. Tuve que empezar a caminar despacio (muy despacio) por el dolor, tuve que sentarme en una silla todo el día porque si me movía me molestaba, tuve que pedirle ayuda varias veces a los chicos y lo más importante, tuve que hacer silencio y pensar. Creo que todo pasa por algo y esto fue para que tome conciencia de mí misma. Seguramente el cansancio físico tuvo que ver (y el mal movimiento que hice cuando levanté el kayak también), pero estoy convencida de que fue para que toda esta historia tenga una sola moraleja: si no te escuchás, si seguís haciendo la de siempre, si no parás… el cuerpo (solito solito) te hace poner el freno de mano.

Gracias a todos los chicos de Cuadrante Sur por bancarme y cuidarme los días que estuve mal y gracias a Assist-Med por la asistencia y por cubrir todos los gastos generados por mi ciático.

(*) En la foto de portada de este relato aparece Rita, mi bolsa de agua caliente que me acompañó durante mi recuperación. Gracias a vos también, compañera fiel.

Escritora y nómada digital. Viajo desde el 2013 y comparto en este refugio digital mi estilo de vida. Me apasiona la escritura y por sobre todo inspirar y animar a través de la palabra. También escribo en luzyhumo.com y mi primer hijo de papel se llama Letras Luz. Dicto talleres de escritura y de viajes, no puedo vivir sin mis libros y cuadernos y soy fan de la autoexploración.

Comentarios

  • 29 marzo, 2014

    Yo ando, exactamente ahora, con la pata derecha adentro de un cubo de agua caliente con sal porque me lastimé los tendones, esperar recuperarme para empezar el viaje en bici. Creo que me vino en le momento exacto leer esto, muchas veces abusamos de nuestro cuerpo (con la comida, con la actividad física, con el stress, con la presión…) y el cuerpo, tarde o temprano, pasa factura. Si no lo entendemos por las buenas… será por las malas.

    Cuidate y pronto estarás en las pistas nuevamente!! Besos de otra liciada =p

    responder
  • 27 marzo, 2014

    Jime, yo anduve un par de veces con problemas de ciatico y decintura y mi conclusion es:
    – Escuchar al cuerpo
    – Ir a clases de yoga dos o tres veces por semana
    – y esto ultimo que parece tonto: pensar los movimientos antes de hacerlos para no lesionarse.

    Abrazos para Andres y un beso para vos, Gus de VLA

    PD: el Eureka pregunta por ustedes !!

    responder
  • Paulita
    14 marzo, 2014

    Tas hecha una vieja!!!!!!! Jajajja infaltable chiste para la cartera de la dama. Recuerdo que el superjime era el nombre de tu fotolog.. Está bueno parar. Fijate que ese campo, está lleno de otros manjares. Como veo que te pusieron más arriba. Disfrutalo 😉

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  • Cori
    6 marzo, 2014

    Jime! Sentí que hablabas de mi, pero en vez de un kayak, era un bondi, un subte, 1000 horas en la computadora , un taxi, una reunión, un trabajo más y paro, una hora más, bueno solo esta vez …

    La auto exigencia, el no permitirse la equivocacion, el miedo al ridículo,
    culpemos a nuestros padres! jajaj y despues a nosotros mismos
    No se si es una condicion de personalidad, de generacion o qué.
    Que encima se disfraza de que está bien ser así, que hasta la gente te dice: yo no podria, te felicito, no se como haces!
    y despues uno tampoco puede… hay que saber frenar.
    Pero hoy tambien lei una frase que puse en mi muro (seas religiosa o no)

    DIOS NUNCA TE MANDARÁ MAS DE LO QUE PUEDES MANEJAR

    y en un punto creo que es así. Y entonces? entonces el gran tema está en como manejar todo eso que hacemos y sentimos, como transformarlo en disfrute en vez de presión.
    Ah y si descubrís cómo, avisame! 🙂

    Beso grande a los dos! y DISFRUTEN!

    C.

    responder
  • marita y miguel
    6 marzo, 2014

    Que bien descripto todo jime, me encanto lo de la bolsa de agua llamaba Rita, ja ja.Si hijita el cuerpo te dice hasta cuando, me alegro que te hayas dado cuenta.Hermosa aventura. Besos

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