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    ESPECIAL CICLOTURISMO ANSIEDAD Y MIEDOS PRE VIAJE

    ESPECIAL CICLOTURISMO (2): ANSIEDAD Y MIEDOS PREVIAJE

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    Este post forma parte de una edición especial sobre cicloturismo donde conversamos sobre:

    (1) Entrenamiento

    (2) Ansiedad y miedos previaje

    (3) Hidratación

    (4) Alimentación

    Cada artículo tiene dos partes: la primera tiene el punto de vista de un profesional sobre el tema en cuestión y la segunda parte contiene testimonios de hombres, mujeres y parejas cicloviajeras que nos comparten su experiencia en la ruta.

    Los invitados en esta edición son:

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    La mirada del coach/psicólogo: Natalia

    “La vida es un país extranjero”. Jack Kerouac, escritor estadounidense

    ¿Qué le sucede al pobre tipo que se va de su país? ¿Y cómo sobrevive a la nostalgia la familia que se queda?

    Esas eran las preguntas que me llevaron a Rosa. Corría el 2007 y estaba a punto de graduarme como Psicóloga. En esa época andaba enfrascadísima escribiendo mi tesis universitaria e investigando el impacto psicológico de la migración. Así fue como tuve la suerte de conocer a esta mujer inolvidable. Ella, por entonces, aún sufría la partida de su hijo al exterior. “Fue la crisis del 2001 en la Argentina”, me confesó. Y agregó: “Vos sabés que a pesar de tener a mi hijo lejos en los cumpleaños y las Navidades, y de no poder ver crecer a mis nietos, estoy contenta. Porque yo misma fui quien le dio alas y raíces”.

    Alas y raíces. Ay. Qué inteligente definición de la debacle humana, pensé. Dos poderosas palabras que, desde ese día, compraron un terrenito eterno en mi cabeza.

    Lo que me dijo Rosa, con su sabiduría de mamá y de mujer, no es distinto a lo que dice Sigmund Freud, el padre del psicoanálisis, acerca de las pulsiones en conflicto.

    Habrás escuchado por ahí que a los humanos nos mueve el deseo. Y que ese deseo sale a buscar diferentes objetos, personas o experiencias para saciarse. A veces deseamos una cosa, a veces otra, y en demasiadas ocasiones deseamos cosas bien opuestas. Y lo hacemos simultáneamente, para colmo de males. Es el Yo quien luego se las verá en figuritas en su titánico desafío de equilibrar nuestras feroces pulsiones internas, inventándose síntomas en su intento por conciliar lo irreconciliable.

    Ahora, llevemos esto al plano de los viajes. ¿Cuáles son las fuerzas en conflicto en el viajero? Hablemos de lo que te pasa a vos.

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    Si viajaste, estás viajando o te estás preparando para un largo viaje, no sería raro que hayas asistido en primera fila a aquella lucha encendida entre tus dos lobos internos. ¿Cuáles? Te los presento: son tu hambre de hogar y tu hambre de mundo.

    Vos, yo y todos, tenemos hambre de raíces, de calorcito de hogar, de techos seguros y rostros conocidos. Tu hambre de hogar es el que te enseñó a amar a tus hermanos, a enamorarte de tu mascota y a cuidar como oro la primera bici que te regalaron tus viejos. Es la fuerza irrefrenable que sabiamente te invitará, una y otra vez, a volver al lugar de origen, al calor de los tuyos, a volver a ocupar la silla que dejás vacía en la mesa del domingo.

    El hambre de hogar es, ante todo, necesario para la construcción de vínculos y el apego sano. Es el que te impulsa a buscar y ofrecer amparo, protección y cercanía. A ponerte al resguardo del rinoceronte en la selva, del camión que cruza en rojo o de una feroz tormenta en la montaña. En otras palabras, el hambre de hogar te salva a vos y a los que amás.

    Pero ojo. También tenemos deseos con piernas. Pulsión de movernos y aventurarnos. De explorarnos en terrenos desconocidos y conquistar rincones de nosotros mismos y del planeta que se nos ocultan. El hambre de mundo es un aguijón que nos inyecta adrenalina, misterio y errancia, y nos convierte en el héroe intrépido y ansioso por vivir historias con final abierto. Y tenés que saber que el hambre de mundo también es necesario. Nos ayuda a desapegarnos y soltar lugares y personas a los que ya no pertenecemos. Nos vuelve curiosos, emprendedores y corajudos. Sin hambre de mundo, no crecemos.

    ¿Por qué te cuento esto? Primero, porque a estos buenos muchachos los conozco. Los vi pelearse salvajemente dentro mío muchas, demasiadas veces.

    Y porque también los veo reflejados en los rostros de mis coacheados, cuando me relatan con pudor su miedo a dejar el barrio, el trabajo conocido o la pareja tras una promesa incierta al otro lado de alguna frontera, llámese Working Holiday Visa en Irlanda, el ansiado Master en Londres o la aventura en bici por la Patagonia.

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    ¿Lo dejo todo o mejor me quedo? ¿Me voy de viaje solo o acompañado?

    Es tanta la energía que desperdiciamos queriendo decidir la mejor opción y decidirla ya, solo para encontrarnos, 15 minutos después, estancados frente a la misma pregunta irresuelta e incluso 10 veces más cansados.

    Mi invitación es a que dejes de pelearte con tus ganas de quedarte y tu temor a irte. Eso ya lo probaste y sabés a dónde te lleva.

    Decime: ¿cuánto mas fácil sería pegar el salto a lo desconocido si dejaras, por Dios te pido, de pinchar y exigirle al pobre humano que salta?

    Siempre, siempre nos debatiremos a duelo entre lo seguro y lo incierto, entre el viaje del héroe y el reconfortante patio de casa. ¿Por qué? Porque estamos hechos de alas y raíces. Lo dijo Rosa.

    Si te acucian las dudas previaje estoy tentada a invitarte a que pruebes algo diferente. Ya no te obsesiones por resolverlas. La lucha suele traer, por lo general, brazos partidos y mentes agotadas. Mi llamado es, por el contrario, a que te vuelvas paciente con tu humanidad. A que te aceptes confundido e indeciso, siendo el buscador y lo buscado. A que atravieses, confiado, la tormenta del no saber, aguardando a que tarde o temprano llegues a una orilla calma al otro lado de tus fronteras internas.

    Si dudás, permanecé en la duda. Amigate con tus incoherencias y sentá a tus lobos feroces a comer a la misma mesa. No te olvides que nacieron juntos, son hermanos y se necesitan. ¿Qué sentido tiene enfrentarlos?

    ESPECIAL CICLOTURISMO ANSIEDAD Y MIEDOS PRE VIAJE

    ¿Tenés un profundo deseo de seguridad, arraigo y hogar? Sí, ese sos vos.

    ¿Te mueve la pregunta por la aventura, los viajes y el riesgo? Claro, ese también sos vos. Tu piel está hecha de plumas y también de arraigo. Ya lo dijo Rosa, y también lo dijo Freud.

    Si llegaste hasta el final de esta nota esperando una frase inspiracional al estilo “Dale viajá”, o “5 tips infalibles para el Viajero-que-No-se-Anima-a No-Sé-Qué-Cosa”, lamento que mis manos estén vacías. No tengo súper-respuestas, pero puedo acompañarte con mil preguntas brújula, de esas que hacen bien interesante la trama, más allá del desenlace (como dice el filósofo Drexler). Preguntas que no se centran en alcanzar el glorioso final feliz, sino en mirarte escribiendo el guión. ¿En quién tuviste que convertirte para ser capaz de protagonizar semejante biografía?

    Mientras, le pedí una manito a Jack Kerouac. “Jack, ayudanos” le dije, “¿qué podemos hacer en esos momentos en que nos enloquece la hermana Duda, los miedos y el ceño fruncido?”. Y fiel a su estilo, escribió:

    “Todo lo que haces es encaminarte derecho a la tumba, un rostro cubre el esqueleto por un tiempo. Extiende esa cubierta del cráneo y sonríe”


    Natalia Sarro es Licenciada en Psicología, Coach Ontológico Profesional y Terapeuta Narrativa. Se formó en Terapia Centrada en la Compasión junto a Gonzalo Brito y Paul Gilbert. Actualmente iniciando la Formación Internacional de Instructores del programa Compassion Cultivation Training, con el aval del Centro para la Investigación y la Educación en la Compasión y el Altruismo de la Universidad de Stanford y Compassion Institute. Desde el año 2009, imparte entrenamientos a líderes, expatriados, emprendedores y equipos multiculturales en empresas y universidades de Argentina, Uruguay, Brasil, España y Alemania. Es la mamá de Maitena y la humana de su perro Gaudí.


    La experiencia de los cicloviajeros

    1. Albert y su vidaje

    Albert Sans

    Siempre soné con vivir viajando, viendo mundo, descubriendo culturas, lugares, pisando lo que leía en libros o veía en documentales.

    Me fui acercando a ese objetivo muy despacio pues el “gran salto” da mucho vértigo. Para darlo buscás compañía o el momento adecuado y nunca termina de llegar, y la vida te va atando con proyectos y posesiones que lo hacen más difícil. Intenté acercarme a la idea viviendo en una motorhome y luego girando con mi música dando conciertos. Podríamos decir que ese fue mi primer bautizmo nómada. Pero el entorno occidental, Europa, la seguridad, las rutas conocidas no eran lo que había soñado.

    Entonces conocí a Marc Hors, un fotógrafo que estaba cruzando todo el continente americano en bicicleta y estaba de visita a la familia en mitad de su viaje después de tres años de pedaleo. Nos hicimos amigos y me animó a lanzarme hablándome maravillas de su experiencia.

    Encontrar ese testimonio real fuera de libros o pantallas fue muy importante. La idea se instauró en mi cabeza con más fuerza y apareció un miedo que jugó a mi favor: la edad. Ya con 30 años el tiempo pesaba cada vez más y la eterna juventud no parecía ya tan eterna. Entonces la casualidad me regaló un momento clave. Quería cambiar de trabajo, no tenía ningún proyecto personal en marcha, ni deudas, ni beneficios, ni compromisos… dije: ¡ahora o nunca!

    El gran salto me seguía dando vértigo así que decidí hacer uno pequeño para probar el veneno y usarlo de lanzadera. Arreglé una flaca mochila, una carpa liviana, una guitarra y me fui a Marruecos 3 meses a perderme sin rumbo, ni hostels, ni rutas turísticas, para ver cómo me sentía en un mundo totalmente distinto improvisando y siendo nómada.

    Pese a los miedos iniciales, la experiencia fue excelente y una noche que me adentré en solitario en el desierto, contemplando la via láctea y una atmósfera jamás conocida, sentí que había llegado el momento y que no estaba equivocado, mi vidaje estaba servido.

    Volví a casa a deshacerme de mis posesiones, cortar amarras y hacer los trámites. Pese a que ya tenía muy poco, me llevó muchos meses. Marc me encontró una buena bicicleta de segunda mano en São Paulo, no lo pensé mucho y la reservé. Empezaríamos por Brasil, que no sonaba nada mal.

    Al principio los pasos eran muy temerosos. La red de acogida para viajeros Couchsurfing me ayudó mucho. Iba de couch en couch, paso a paso, mi mente estaba bombardeada de tópicos sobre el peligro, asaltos y mis pasos eran muy medidos, como un niño que aprende a ir en bicicleta con la ayuda de unas rueditas extra y necesita velocidad y confianza para librarse de ellas.

    La felicidad de estar pisando mi gran sueño y el caos del propio día a día, fueron relajándome. Empezaron a aparecer aventuras imprevistas apasionantes, gente que me ayudaba mucho, amistades entrañables, aventuras increíbles, paisajes de ensueño. Las rueditas de apoyo desaparecieron y un día de repente me di cuenta que estaba totalmente relajado y confiado sin saber dónde o cómo iba a dormir esa noche. Fue increíble el contraste de ver a un tipo tímido y miedoso como yo, de una cultura que proyecta sus vidas a 40 años, totalmente confiado y cómodo en la incertidumbre de un ahora sin futuro y en un entorno desconocido.

    Tenemos muchos miedos en la cabeza de todo tipo: sociales, personales, excusas como “¿qué dirán?, ¿qué pensarán de mí?, yo no valgo para eso, ya soy viejo, no es buen momento, es peligroso, ¿y el futuro qué?”. Mi experiencia me dice que el 95% son miedos irreales que corresponden al vértigo de lo desconocido y a los ecos de una sociedad que no mira hacia ese modo de vida. Cuando hablás con todos los viajeros nómadas o aventureros te contarán lo contrario, y que si realmente es tu sueño, hay que lanzarse aunque sea con pequeños pasos, como el que aprende a pedalear o a lanzarse desde un trampolín que parece un gigante imposible y después es la cosa más natural del mundo.

    Nos subestimamos demasiado. Somos capaces de cualquier cosa y en concreto ésta, es la más fácil que he hecho en mi vida. Cuando me dicen que tengo mucho coraje, solo pienso en el momento clave del primer paso iniciático: luego es muy fácil, pues cuando pisás lo que has soñado, todo sale rodando.

    Está claro que hay que tener unas rutinas de seguridad y que no hay que ir a lo loco, pero es igual que en la vida. Usar tu instinto, inteligencia y la experiencias de otros viajeros. Yo procuro no llamar mucho la atención. Intentar no vestir, ni viajar con elementos muy técnicos. Ya como filosofía de vida me gusta vivir con menos posesiones, humildes, poco que perder y más relajado.

    Necesito muy poco dinero, pues voy acampando en escuelitas, bomberos, ayuntamientos, gimnasios o espacios que la gente me cede. Cocino yo mismo la mayoría de las veces y eso hace que con unos 200 dólares pase un mes perfectamente. Me gano la vida con proyectos de video o fotografía para posadas, hostels o bandas de música. Con un proyecto o dos puedo viajar de este modo varios meses, solo preocupado en disfrutar y aprender. VIVIR en mayúsculas.

    Es una vida muy intensa: he cumplido el sueño de cruzar el Atlántico en velero, he pedaleado España y la parte Nordeste de Brasil. He sido pescador, panadero, cocinero, fotógrafo, músico… mil aventuras inolvidables gracias a perder el miedo. ¿No les da miedo perdérselo?


    Albert Sans es músico y nómada desde el 2011. Viaja en bicicleta por el mundo como estilo de vida. Recorrió Chile, Argentina, Brasil, Uruguay, Paraguay, Bolivia y España. Comparte su vidaje y música en su blog albertsans.com


    2. Javi, Sol y los Andes en bici

    Javi y Sol

    Mi hermana nos pregunta: ¿para qué se meten siempre en semejante lío si la pasan mal? El papá de Javi se preocupa porque nos ve nerviosos, porque discutimos, porque no dormimos bien y se nos nota en la cara y en el humor.

    Son los días previos a irnos y claramente no la estamos pasando muy bien. ¿Por qué nunca podemos salir tranquilos y disfrutarlo? ¿¡Por qué!?

    Seguramente el problema somos nosotros, así que nos propusimos cambiar la metodología:

    • Armamos una lista para ir tachando las cosas que quedaban por hacer y después hicimos 2 y 3 y 4 listas y así seguimos tachando hasta el infinito. Siempre quedaba un pendiente, alguna cosa que no habíamos tenido en cuenta o que se podía mejorar.
    • Pusimos fecha de salida para obligarnos a estar preparados.
    • Cambiamos la fecha de salida para no crearnos una obligación.
    • Charlamos mucho, dividimos las tareas, nos propusimos tenernos más paciencia para no discutir. Nada de eso funcionó.
    • Dejamos de trabajar una semana antes así nos relajábamos y lo tomábamos con tranquilidad. Justo entonces a mí se me infecta una muela y lloro del dolor con un cachete como piñata. A Javi le surgió un viaje inesperado de trabajo que no pudo postergar. Nuestro equipo estaba incompleto y se demoró la entrega. Tuvimos que hacer una compra de camperas de imprevisto y no teníamos el dinero suficiente, por eso tuvimos que vender muchas cosas. A Sol le sacaron la muela. Se rompió el cable de embrague de la camioneta. Nos peleamos, nos volvimos locos de nervios, la comida nos cayó mal. Y nunca, pero nunca pudimos relajarnos y mucho menos tomarlo con tranquilidad.

    Hoy ya en viaje nuevamente pienso en la pregunta de mi hermana, en la preocupación del papá de Javi y creo que los entiendo.

    La idea de dejar los trabajos, las obligaciones cotidianas y el estrés citadino es para andar más livianos, para intentar encontrar un poco de equilibrio entre tanta locura. Cómo entender la falta de apetito, la mandíbula apretada, el cansancio, la queja constante porque el día solo tiene 24 hs.

    Si ahora me tocara responderle a mi hermana y al papá de Javi creo que terminaríamos dándoles la razón. Es que los días o semanas previas a comenzar un nuevo viaje, hagas lo que hagas, siempre van a ser caóticas. Pero en definitiva si nos tenemos que estresar, discutir, andar nerviosos y desvelados, que por lo menos sea por algo que para nosotros realmente valga la pena, ¿no?

    Nunca es fácil tomar la decisión de hacerte cargo de algún deseo, tampoco es fácil volverlo posible y mucho menos el momento en el que salís definitivamente a intentarlo. Por eso sumado a la preparación del equipo y planificación del viaje vienen un sinfín de miedos y ansiedades casi imposibles de controlar.

    No importa cuántos viajes hayamos hecho, siempre es igual. Nervios, preocupaciones, dudas, cosas por organizar, más nervios, más preocupaciones, más dudas. La única diferencia importante que te da el haberlo pasado antes es la certeza de que una vez que te subas a la bici y pedalees los primeros metros todo ese ruido inmediatamente va a desaparecer.

    Así que después de varios intentos por querer luchar contra aquel estado previaje, repitiéndonos frases como “esta vez vamos a salir tranquilos”, entendimos que lo que nos pasa es absolutamente normal y pelear contra eso quizás era hasta contraproducente y absurdo.

    Claro que vamos a estar ansiosos, con miles de miedos y dudas. Pero así y todo lo único seguro es que vamos a cargar las bicis, nos vamos a subir y lo vamos a intentar. Por eso como recomendación, para traer un poco de tranquilidad a esos días previos antes de salir, solo se nos ocurre decirles que va a estar todo bien, que aunque el estómago se sienta como en caída libre y la cabeza no pueda dejar de sacar hipótesis absurdas, va a estar todo más que bien. Porque no creemos que haya nada que pueda darte más trabajo, pero todavía aún más felicidad, que animarte a creer en vos y en tu propio camino.


    Javier Rasetti y Marisol López viajan en bicicleta desde el 2013. Su primer gran desafío fue desde Ushuaia hasta La Quiaca en el 2014, siguiendo la mítica Ruta 40. A principios de 2016 comenzaron a unir los 43 cruces de la Cordillera de los Andes. Comparten sus travesías, consejos y guías en su blog Nación Salvaje.


    3. Nati y su vida en un par de alforjas

    Nati Bainotti mujeres en bici talller

    Estás planeando un viaje. EL viaje. Ese que siempre quisiste hacer, que hace meses, incluso años, que estás soñando. Lo tenés ahí, lo ves. Te acordás que querés irte, te embarga la emoción, la felicidad, el ensueño, las ganas de dejar todo y salir ya mismo. Pero en un segundo se te pincha la burbuja color rosa y el miedo (los miedos) se apoderan de vos: ¿me voy a ir sola? ¿Y con quién voy a hablar? ¿Y si me pasa algo? ¿Y si me roban? ¿Y si me enfermo? ¿Y si no encuentro dónde dormir? ¿Y si ninguna comida me gusta? ¿Y si nadie me entiende? ¿Y si la gente me trata mal? ¿Y si me quedo sin plata? ¿Y si no sé qué hacer a la vuelta? ¿Y si…? ¿Y si…? ¿Y si…?

    Tenés miedo. Todos tuvimos miedo antes de nuestro primer viaje. Yo tengo miedo incluso ahora cuando salgo a la ruta, 8 años después de haber comenzado a viajar. Y es natural: vas a hacer algo con lo que siempre soñaste, vas a desafiarte, vas a salir de tu zona de confort, vas a dejar la certidumbre, vas a ir no sabés dónde, vas a encontrarte con no sabés qué ni quién. Y es normal que ese miedo te paralice, te haga llorar, te haga creer que estás loco o loca, que te diga que en realidad no-es-tan-necesario-que-viajes, que te deje con cara de nada, que anule las emociones. Pero también es normal que apenas salgas a la ruta te des cuenta que todos esos miedos desaparecen solos. Que estás donde querías estar, haciendo lo que querías hacer.

    Esperar no tener miedo es irreal. No esperes pensar en tu viaje y no tener miedo. No esperes estar planificando la ruta y no tener miedo. No esperes estar a días de tu viaje (o el mismo día que estás saliendo) y no tener miedo.

    Te lo digo desde ya: vas a tener miedo. Pero créeme que tener eso es lo que luego te va a confirmar que estás en el camino correcto. Con los años y los viajes aprendí que todos tenemos miedo, la diferencia es qué hacemos con ellos: si los usamos como excusa para no hacer las cosas, o si los usamos como motor para hacerlas. Esa es la cuestión.

    El día que estaba por empezar mi viaje en bici por Ecuador, una amiga me dijo: “el miedo es parte de la emoción a lo desconocido. No le tengas miedo al miedo. El miedo tiene fuerza, solo que tenés que aprender a utilizarlo como otro recurso”. Creo que esa es la clave: no sentirse mal por tener miedo, no querer evitarlo. Cada vez que recibo un mensaje en el que alguien me dice que se quiere ir de viaje pero que le da miedo, le digo lo mismo: es lo mejor que les puede pasar, porque significa que van a hacer algo que realmente desean. Y esos miedos hay que agarrarlos de la mano y llevarlos de viaje, que ellos solos van a dejar de molestarnos.

    Puede sonar cursi y cliché, pero es mi mejor consejo: cuando sientas que el miedo a irte de viaje empieza a tocar a la puerta, respirá profundo y dejalo pasar. Pero no dejes que te altere. Tener coraje no es no tener miedo: tener coraje es aceptar los miedos como parte del proceso y, a pesar de todo, animarse a seguir.


    Nati Bainotti empezó a viajar en el 2008. Su primer viaje en bici fue por el sur de Chile, después se fue a África donde trabajó como voluntaria dando clases en los barrios más vulnerables de Kenia y luego siguió viajando con mochila por Sudamérica, Europa, Turquía y Egipto. Hoy viaja en bicicleta y comparte sus fotos y relatos en Mi vida en una mochila.


    ¿TENÉS dudas o preguntas? ¡QUE EMPIECE LA CHARLA CON TU COMENTARIO!

    Somos Jime Sánchez y Andrés Calla, amantes de la aventura y la vida al aire libre. En este refugio digital compartimos nuestro estilo de vida, relatos, fotos, info útil, consejos y muchísima inspiración.

    Comentarios

    • Andrés Puestero
      28 abril, 2020

      Hola chicos. Felicitaciones por la publicación. Los sigo desde hace mucho y, como Ustedes, también soy aficionado al turismo activo en bicicleta. Vivo en San Rafael, Mendoza (Argentina) y en casa dispongo de espacio para alojar a una o dos personas que quieran aventurarse por estos lares dándole al pedal; también contarán con información para cruzar a Chile por un bonito Paso para hacer en bici que se llama Planchón-Vergara. Les mando un fuerte abrazo.

      responder
    • LUIS GARCIA
      8 junio, 2018

      HOLA, ES UNA PAGINA SUPER BONITA, CON HISTORIAS QUE ALIENTAN A SER COMO USTEDES, ME INSPIRAN A HACER UN VIAJE CORTO, QUIZA UN MES O DOS, POR TERRITORIO DE MÉXICO, PORQUE SOY DE POR ACÁ. SOY NUEVO EN LA BICICLETA, LO MAS LEJOS QUE IDO SON 4 HORAS DE IDA Y 4 HORAS DE REGRESO, PERO, QUIERO MAS. FELICIDADES

      responder
      • 9 junio, 2018

        Hola Luis, que bueno que te guste el blog! Que esa inspiración que encontrás acá te lleve no a ser como nosotros, si no a ser más vos! Ahí esta la verdadera cuestión y búsqueda atrás de todo esto que ves. A preparar ese viaje 😉

        responder
    • Rita
      16 mayo, 2017

      Increíble! Si uno realmente tiene despierto los sentidos hay señales del día a día que son aprendizajes constantes. GRACIAS por lo compartido, interesante, emocionante y gracias a mi amiga viajera Jesica por aparecer en el momento indicado con estas sabías palabras. Me tocaron el alma. Estoy en viaje hace 5 meses y tengo esas alas raíces a flor de piel.. esto es un abrazo al alma. GRACIAS!

      responder
    • juan Carlos
      2 agosto, 2016

      Excelentes pistas o consejos…vienen muy bien para quienes estamos planificando un viaje. Creo que sí se pueden planificar algunas cosas, aunque en el camino se cambie todo lo planeado, suceda lo imprevisto, la vida sople para otros lados y la veleta se incline en dirección opuesta, aún así el viaje continúa, algo emocionante nos va a pasar, un gran aprendizaje viene en camino, algo vas a descubrir…eso se llama: “derivar en estado de alerta”. Estar dispuesto a perderse de tus rumbos fijos, inexorables, rígidos, a dejar que el viento te susurre las respuestas, te indique a donde vas..y bueno, es bonito jugar con esa dicotomía entre planificar y dejarte llevar, improvisar un poco….pero ánimo que el miedo siempre será un compañero de viaje al que tenemos que ir tranquilizando…Buen viaje a todos-as los-as viajeros-as y ojalá le den un valor agregado al viaje: lleven paz, esperanza, alegría a las comunidades o poblaciones donde vayan

      responder
    • 25 abril, 2016

      Lo siento, mi espanol is no bueno, pero mi gusta tus viaje, y tus blog es muy bueno para mi practicar mi espanol. Es muy importante para mi, porque quiero bicicleta a sur de americano este ano 🙂

      responder
    • Inés (Madrid)
      26 febrero, 2016

      Uoleeeeeeee. Yo no viajo tan a menudo como Nati, pero la conocí preguntandole cosas de su blog, porque ella me daba más confianza al ser mujer como yo. Que haya una mujer sola viajando, me anima a hacerlo a mi.

      responder
    • Cristian
      26 febrero, 2016

      Me lo leí todooooooooooooooo… d principio a fin, ajajaja! 🙂 y lo leí porque justo yo tambien.. ando con miedo, este loco viajero retirado de ” Dondenosllevelabrisa” junto a su compa viajera Natu. Se lo voy a hacer leer a Natu ..Que está cagada en la patas jajajaja!!! Besos a los dos!! Hermosisisisisima entrada de blog!!

      responder
    • Maximiliano
      23 febrero, 2016

      Gracias, estoy muy movilizado, en mediados de Marzo arranca mi primer viaje: de San Martin de los Andes a Bariloche. Soy una bola de ansiedad.

      responder
    • Maria Laura
      23 febrero, 2016

      Gracias! super interesante cada palabra, GRACIAS!!!

      responder
    • Ignacio
      23 febrero, 2016

      Uff….impresionante nota…me queda la sensación de que es como si la hubieran escrito especialmente para mí, en este preciso momento. Gracias!

      responder
    • MARITA
      23 febrero, 2016

      Que bueno chicos esta nueva experiencia, que me da un poquito de miedo, el agua, pero se que los dos son bien responsables y cuando están seguros salen, besitos y suerte ……Los queremosssssssss. Muy bueno todos los chicos que se dedican a lo que les gusta.

      responder

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