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#ExperienciaCarmelo día 1: de vagabundos a príncipes

De chica me fascinaba leer cuentos. No hacía discriminación de género ni de color ni de tamaños: me daba igual si eran verde inglés de tapa dura, portadas finas laminadas, de ciencia ficción, terror o fantásticos. Yo cargaba mi mochila imaginaria con historias de duendes, sirenas, animales que hablaban y calaveras milenarias. Disfrutaba profundamente del recrear en mi pequeña cabeza todo eso que estaba impreso en cientos de hojas. El ingenio levantaba vuelo y me pasaba horas viajando al ritmo de las letras en la misma posición, sin moverme, en una especie de trance.

Hubo una historia en particular que me llamó muchísimo la atención y que durante unos cuantos años captó mi interés casi por completo. La leía una y otra vez hasta que en uno de mis cumpleaños me regalaron un video donde esos personajes tomaron forma, gestos y voz. Así transcurrían mis tardes: hipnotizada frente a la televisión, anticipando cada uno de los diálogos y calmando mi sed con tazas de leche chocolatada.

Vaya uno a saber por qué, pero sin quererlo, me convertí en la fan número de “Cenicienta”. Más allá de que el relato empieza con una hoja de vida triste y cargada de desgracias, en un momento el giro de la historia es rotundo: basta con chasquear los dedos para que aparezca el hada madrina, convierta la calabaza en carruaje y sus ropas llenas de harapos en vestidos de punta en blanco.

Los tiempos cambiaron y a veces la realidad supera cualquier ficción. Las hadas se convierten en correos electrónicos, las carpas se reproducen en tamaños descomunales y se transforman en hoteles de lujo, el mundo real se esfuma y las piñas de los árboles nos despiertan en otra dimensión. Así de sorpresiva se puede volver la vida del nómade. De vagabundo a príncipe con un único detalle: su alma inquieta y trotamundos permanece inmutable.

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Esta vez nuestro carruaje es un catamarán. A las 8.40 en punto, salimos desde Tigre arriba de la Cacciola junto a otros bloggers. Dejamos atrás la ciudad y el mismo ambiente verde del delta nos va distendiendo, revelándose frente a nuestros ojos a medida que avanzamos en las aguas del río que nos conecta en sólo 2 horas con “el paisito”.

Son 53 kilómetros en línea recta desde un punto al otro, y a pesar de compartir el mismo cielo y las mismas aguas, el aire se siente diferente. La brisa tiene una mezcla de nostalgia y de encanto: Uruguay no le da la espalda al río que bautiza sus costas sino todo lo contrario, nació con el sol de frente. Estamos tan cerca y a la vez tan lejos.

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Nuestros corceles de aluminio nos permiten tener ese primer encuentro con una ciudad detenida en el tiempo: en Carmelo uno puede ver carretas tiradas por caballos, perros que se acuestan en el medio de la calle sin pedir permiso, bicicletas a paso lento y una ruta tan tranquila que avanza al mismo ritmo del lugar.

Después de dar una vuelta por la playa Seré y de alejarnos unos kilómetros del centro, nos adentramos en la zona más rural de la ciudad. Las banquinas asfaltadas nos dejan abandonarnos en el camino y perdernos en sus sensaciones y aromas, tan reales y hasta palpables.

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La leyenda dice que todo aquel que cruza ese puente siempre regresa

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Dentro de este entorno que roza lo mágico, llegamos al Four Seasons Resort Carmelo pedaleando entre árboles de pinos y eucaliptos. Una gran puerta de madera tallada se abre y nos dan la bienvenida con una bebida bien autóctona: el “Carmelo Mate”, una infusión que combina té de mate cocido, corteza de naranjas, vainilla, canela y azúcar.

Caminamos por la recepción, salimos al balcón que da a la piscina, vemos a lo lejos la costa, los detalles en piedra, percibimos la calma de un entorno natural que envuelve en una burbuja a las 45 hectáreas de este refugio de lujo. Nos acompañan a la habitación: una suite de dos niveles con cielorrasos con vigas de madera, detalles terminados a mano, un sommier con cuatro tentadoras almohadas, bañera gigante… ¡que el reloj marcando las 12 se detenga en el tiempo por favor! 

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Camino a la habitación…

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…y una sorpresa dulce de bienvenida

Almorzamos en el Restaurant Pura unos platos de no creer: hasta la gastronomía está integrada con el ambiente porque todos los platos están diseñados con productos locales.

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La sopa de maíz tostado se llevó todos los elogios

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La pata de muslo de pollo orgánico relleno no se quedó atrás

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La tarta de cítricos, chocolate y helado casero de frutilla fue lo máximo

Después de alimentar el cuerpo, llegó la hora de darle un mimo al espíritu. El hotel está inspirado en la armonía del ying y yang y el yoga, la disciplina física y mental originaria de la India, algo que no podía faltar en un lugar donde la mente logra desconectarse de todo, donde lo que importa es vaciarse y rearmarse.

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Ahí mismo hicimos yoga

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¡Y así de relajadas quedamos!

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Volvemos a la habitación sintiendo que estamos en otra órbita y ni bien entramos, vemos que la habitación está lista para el descanso: las cortinas cerradas, unas botellitas de agua en las mesas de luz y la calefacción encendida.

Al rato nos estaban esperando en el Bar Mandara para tener una clase de coctelería. Horacio y Juan Manuel, los bartenders, nos enseñaron el arte de crear dos de los aperitivos que más nos gustan pero, como era de esperarse, las recetas originales fueron modificadas para resaltar lo autóctono del lugar: “Caipinilla” (una caipirinha a base de un ron uruguayo llamado Espinillar) y “Mojito Carmelo” (preparado con albahaca, canela, ron blanco, “medio y medio” o vino blanco y champagne, azúcar, hielo y una rodaja de lima que después se exprime en el trago).

La noche terminó con ajíes asados, trucha de la Patagonia Argentina y un budín de chocolate con helado casero de limón de otro planeta.

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¡Caipinilla lista!

Días como estos son atípicos, casi surreales, como sacados de un cuento. La carpa espera en el placard de madera, las bicicletas siguen estacionadas en la entrada del hotel y los pantalones desmontables continúan guardados en las alforjas. Mientras tanto la #ExperienciaCarmelo nos deja volar la imaginación, escribir nuestra propia historia y disfrutar del ser príncipes y princesas solo por unas horas.

[youtube https://www.youtube.com/watch?v=nfp3d6F4Kfg

¡GRACIAS!

Al Four Seasons Resort Carmelo por invitarnos a este blogtrip.

A Cacciola Viajes y Turismo por el viaje en catamarán y por unir dos ciudades más allá del traslado en sí.

A Assist-Med por su asistencia al viajero durante los días que pasamos en Uruguay.

Somos Jime Sánchez y Andrés Calla, amantes de la aventura y la vida al aire libre. En este refugio digital compartimos nuestro estilo de vida, relatos, fotos, info útil, consejos y muchísima inspiración.

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