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    Tiempos de otro cantar

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    Cuando estamos dentro de un viaje somos los protagonistas de ese minuto a minuto que vamos viviendo. Cada instante tiene su lógica con el momento que lo precede y así vamos tejiendo una red de historias y encuentros que forman parte de un mismo hilo. Cada día es nuevo y diferente pero a la vez tiene su relación directa con el día anterior, con las decisiones que tomamos, las rutas que elegimos y las personas que se cruzan en nuestro camino. Vivimos todo como un todo sin pensar demasiado, interviniendo con movimientos muy sutiles que hacen que una aventura se torne irrepetible independientemente de cuántos días estemos en un lugar.

    Pero a la hora de volver, ese continuo se fracciona en momentos, recuerdos. Recordamos sensaciones puntuales, la sonrisa de ese peón que estaba trabajando el campo y frenó para conversar con nosotros o ese atardecer único que se abstrae de un día de 24 horas. Pensar en un viaje que pasó es como volver a esos tiempos únicos y completos que pescamos de una crónica madre llena de detalles y de otros tantos instantes.

    Momento 1: Volver a la ruta

    Despertarnos. Sentir que el cuerpo está pidiendo salir del modo horizontal porque el aislante de aluminio en algún momento de la noche se volvió invisible. Desarmar la carpa, acomodar las alforjas, desayunar té de manzanilla con pan, sentarnos arriba de la bicicleta, empezar a pedalear y a los pocos metros sonreír. Una sonrisa que sale bien desde adentro, que repercute en las personas que vemos, que hace que las piernas avancen a su ritmo porque total no importa si llegamos más tarde o más temprano. El tiempo pierde fuerza, el tiempo es ahora, es esta ruta, la subida y la bajada que está por venir, la curva donde hay que doblar, la banquina que se convierte en nuestro balcón.

    De Carmelo a Colonia el camino es un sube y baja, lo que cuesta subir los “repechos” se disfruta al bajarlos. Es un trayecto con sorpresas: campos pintados de verde limón, construcciones abandonadas que cuentan historias sin palabras de por medio, peones a caballo, muchos pueblos. Ver ciclistas o cicloviajeros sobre la Ruta 21 es algo normal porque pareciera que Uruguay está destinado a ser un país para conocer en bicicleta.

    Son 77 kilómetros donde el corazón late más fuerte, donde las piernas pedalean a pesar de estar más o menos cansadas, donde la cabeza escucha el silencio, donde el camino recorrido termina siendo más placentero que la llegada a destino.

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    Momento 2: Estación Colonia

    Si Carmelo es nostálgico, Colonia del Sacramento es romántica. Tiene un encanto muy particular por sus callecitas irregulares y empedradas, por su costanera sin final, por sus viejas estaciones de tren, por sus mensajes pintados en las paredes, por su aire que seda y por la cantidad de pájaros que cantan durante las 12 horas que tiene un día de sol.

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    Es un remanso cuya historia se ve en su arquitectura: Colonia del Sacramento pasó de las manos españolas a las portuguesas numerables veces y ese ida y vuelta se percibe en sus casas de piedra y techos de teja como en sus ladrillos a la vista, ambos conviviendo juntos después de tantas disputas. Alguien nos dijo que es justamente por este origen portugués que Uruguay nació mirando al río y que si hubiese tenido descendencia española quizás hoy sería muy parecido a Buenos Aires donde el Río de la Plata se esconde en el patio de atrás.

    Vemos su sol y sus franjas azules y blancas por todos lados: en motos, locales, casas, balcones, impresa en tela, calcomanías o en la piel. Tomamos mate, el mismo que cebamos en Buenos Aires acá tiene un sabor diferente. Es el símbolo de la patria uruguaya y hay una fraternidad con el termo que se apoya debajo del brazo como en piloto automático. Nos dan una clase express de cómo curar un mate en una estación de servicio: “con brasas o con whisky dos días enteros” y la acompañan con consejos: “el mate ideal es el de vidrio” pero si no “lávenlo siempre con agua pa’ que no tome olor ni se le formen hongos”.

    Caminamos por su casco histórico que a pesar de tener tantas memorias, está desbordado de locales comerciales y autos estacionados en la calle. Nos gustaría moverlos de lugar, que no haya tanto ruido, que la magia que tiene Colonia en sus alrededores se perciba un poco más en este lugar.

    La “Calle de los Suspiros” nos vuelve a conectar con ese romanticismo que envuelve a Colonia. Hay diferentes leyendas de por qué se llama así: algunas versiones dicen que los suspiros eran de los presidiarios sentenciados a muerte que caminaban por esta calle antes de ser ejecutados en el río, la más creíble es que tiempo atrás era la calle de los prostíbulos y que los hombres despertaban suspiros por esas mujeres, hay quienes señalan que es por los silbidos del viento y hasta existe la leyenda que una joven enamorada fue asesinada mientras esperaba a su amante y lo último que se escuchó fue su suspiro.

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    Momento 3: Verano modo on

    Playas, playas y más playas. Y arena. Y el sonido del agua que acaricia la costa. Y olas tímidas. Y sentir que a pesar de estar en agosto nos teletransportamos a enero. Calor, islas a la vista, pies descalzos, panza al sol.

    Playas desiertas, playas con troncos caídos, playas con acantilados, playas con escaleras caracol, playas escondidas y playas al paso, playas con arenas blancas, playas con balnearios, playas solitarias, playas con ciudades del otro lado, playas mimetizadas con el horizonte. Playas.

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    Momento 4: Volver, por afuera

    Teníamos dos opciones: regresar desde Colonia a Carmelo por la ruta asfaltada que ya conocíamos o ir por caminos de tierra secundarios, metidos unos cuántos kilómetros para adentro y con salidas al río. Decidimos guiarnos por nuestra intuición, conseguir un mapa y echarnos a andar.

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    Momento 5: Cielo de mil estrellas

    Siempre quisimos dormir bajo un cielo estrellado, sin carpas de por medio, frío ni viento que nos congele. El día que pisamos Bajada Valdez se dieron todas las condiciones para tildar esta experiencia. Hacer vivac, una práctica que se acostumbra en el palo del montañismo, es eso: dormir a la intemperie sin ninguna estructura que sirva de techo, con el aislante y con/sin bolsa de dormir.

    Miramos el cielo y nos es inevitable sonreír. Es como si estuviese a un centímetro nuestro. Le pedimos al Universo que antes de dormirnos podamos ver alguna estrella fugaz y las frutillas del postre terminan siendo dos.

    Nos despertamos varias veces y cada vez que asomamos un ojo vemos un cielo diferente con las mismas lucecitas pero desordenadas, como si el mundo estuviese jugando con nosotros una partida de generala y las estrellas fuesen sus dados. A las 7, la mañana está pintada de violetas, celestes y naranjas, los pájaros son nuestros despertadores naturales y la arena blanca el suelo de bienvenida de un nuevo día.

    Todo lo que vivimos en Uruguay no tiene punto de comparación con esta noche en una playa paradisíaca y perdida en el mapa, lugares a los que uno llega por la curiosidad y la intriga de conocer rutas alternativas donde no hay monedas de por medio, donde la experiencia supera cualquier realidad, donde lo natural quita el aliento y le canta retruco a la ciudad.

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    Bajada Valdez de noche

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    y de día

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    De vuelta en Carmelo…

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    http://vimeo.com/105935830

    Somos Jime Sánchez y Andrés Calla, amantes de la aventura y la vida al aire libre. En este refugio digital compartimos nuestro estilo de vida, relatos, fotos, info útil, consejos y muchísima inspiración.

    Comentarios

    • Patricia Saroba
      14 julio, 2016

      Sublime! !!
      La forma que trasmiten sus experiencias y vivencias en cada viaje hace que uno de sienta compañero de ruta
      Una mágica aventura que se disfruta desde el relato y trasciende hasta convertirse en una experiencia compartida
      Muchas gracias por brindarnos esta posibilidad de conocer lugares del mundo a través de sus ojos
      Sigan adelante!!!!
      Besos desde Uruguay

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    • Lucia
      4 marzo, 2015

      Chicos me encanto la experiencia y lo compartido en la bajada Valdez , ojala pronto consiga compañero de viaje para vivir estas hermosas experiencias, tengo la misma iniciativa que ustedes pero tengo dos hijos uno de 9 y otra de 14 y estoy separada, me dan ganas de irme por largo tiempo pero mis hijos, no se como resolver todavia, espero respuestas de la gente que vaya conociendo. Abrazo Grande y que siga la Vida de Viaje

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    • Pingback: Cambio de aire (¡o viajecito en puerta!)
      12 enero, 2015
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    • florencia
      30 octubre, 2014

      Nos vamos con Martín, mi compañía de vida a hacer este viaje, pero desde nueva palmira. Hermosas las fotos. Saludos bicicleteros!!!

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    • Daniel Fagonde
      16 septiembre, 2014

      Chicos si ven medio difuso a un viejo gordito de chiva y unos 50 años es mi fantasma que viaja con ustedes y disfruta cada foto de Andres y cada relato escrito por Jime , muchos saludos y los sigo a muerte-

      responder
    • iñiaki
      14 septiembre, 2014

      Me encantaron las fotos! Quiero hacer ese viaje ya! Saludos desde Rosario.

      responder
    • juliana
      13 septiembre, 2014

      hermosas fotos y contenido!!!!!!

      responder
    • Yamila Barrera
      13 septiembre, 2014

      Hermosoooo, Bello! Dan muchas ganas de salir a pedalear =)

      responder
    • 12 septiembre, 2014

      Que hermoso post! Lindas fotos, lindo lugar, lindo sentimiento que nos pasan!

      responder
    • martin
      12 septiembre, 2014

      Hola! Soy de Carmelo, hece ya 20 años que vivo en Montevideo y me encantó la reseña de la zona.
      Les dejo un abrazo grande.
      Por muchos Kilometros más!!!

      responder

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