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Cataratas de Iguazú: exploradores de ayer, viajeros de hoy

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“El río da un salto por unas peñas abajo muy altas y da el agua en lo bajo de la tierra tan grande golpe que de muy lejos se oye, y la espuma del agua, como cae con tanta fuerza, sube en alto dos lanzas y más”.

El cuaderno de viaje del español Álvar Núñez Cabeza de Vaca, en su segunda exploración por América en el año 1542, tuvo un antes y un después. Sus páginas amarillas y su tinta fresca no daban a basto: desbordaba de palabras, de descripciones, de detalles. Después de cinco meses de cruzar selvas, ríos y montañas a pie, descubrió más de 270 saltos que podían alucinar a cualquiera. Descubrió, sin darse cuenta, una de las siete maravillas del mundo: las Cataratas de Iguazú.

No se trataba de un territorio no habitado: los indígenas de la etnia mbyá-guaraní lo ayudaron a llegar a este paraíso salvaje totalmente desconocido que formaba parte de ese mundo más grande que él intentaba unir como piezas de un rompecabezas infinito. Las llamó “Saltos de Santa María”, pero con el tiempo la lengua guaraní indeleble las bautizó con sus palabras mágicas I (agua) y GUAZÚ (grande).

¿Desde dónde las habrá visto? ¿Cuántos pasos habrá andado por esta selva sin dueño? ¿Cuál habrá sido ese primer salto que estremeció sus sentidos, sus percepciones sobre lo ya conocido, sus creencias de naturalezas silenciosas?

La Vida de Viaje-Cataratas de IguazúLa Vida de Viaje-Cataratas de Iguazú

Hoy somos sus pies. Hoy somos exploradores de estas tierras que ya no son lo que eran: están tocadas por el hombre, están protegidas por el hombre, están siendo visitadas por miles de hombres a la vez.

A pesar de haber sufrido transformaciones periféricas, ellas abrazan una fuerza que excede lo natural: llega a ser animal. Se desnudan sin vergüenza ante pupilas sobradas de asombro que admiran saltos de 20 metros, de 50 metros, de 80 metros. Aguas que desde hace siglos corren y corren en perfecta simetría y que nos hacen sentir tan diminutos como efímeros.

La Vida de Viaje-Cataratas de Iguazú La Vida de Viaje-Cataratas de Iguazú

Es de mañana y el sol está altísimo. Nos tomamos el tren que une la base del parque con la última estación para llegar a la boca que todo lo devora.

Desde lejos ya se escuchan caídas, pero no existe en la cabeza de nadie la imagen que vendrá después. Imaginamos el oído de ese primer explorador y su atención a estos mismos sonidos, suponemos que su primera reacción frente a tamañas voces habrá sido la construcción de alguna historia fabulosa.

Nuestros pies acompañan el compás de lo que alguna vez albergó misterio. Los árboles se abren a mitad de camino y el río atestigua calma: no se sospechan caídas ni de 20 metros, ni de 50 metros, ni de 80 metros.

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La espesa bruma levanta altura cuando la senda se despeja de verde. Voces trueno se escuchan una y otra y otra vez, y a los pocos metros la pasarela se convierte en un balcón que nos recuerda a las calles argentinas en horario pico: todos los turistas del parque están atascados en este lugar.

Caminamos lento sin pensar, sabemos que él en nuestro lugar estaría tiritando de miedo.

¿Habrá llegado en balsa? ¿Habrá cruzado este río a pie?

Nos escabullimos entre la gente como él a las rocas y ahí mismo, ahí donde parece que el agua va a seguir su curso natural, el corte en la piedra es abismal.

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Llegamos a la caída. Esa depresión que logró capturar nuestra atención durante más de una hora.

Es abrupta: de grito grueso y penetrante. Es alta: 80 metros. Es caudalosa: el 40% del agua de las Cataratas de Iguazú se desprende de este monumental salto con forma de herradura.

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Esas aves diminutas son los vencejos de cascadas (tienen sus nidos sobre las rocas detrás de la caída de agua)

La piel siente la caída como las venas, como la sangre, como los átomos. No hay cuerpo que no reaccione frente a semejante choque de energía: es ella y nosotros, ella y su expresión voluminosa frente a nuestra presencia mundana.

Nos movemos de un lado a otro, acercamos los ojos al precipicio y el vapor de agua nos roza la cara.

La Garganta del Diablo es un hoyo profundo donde se pierden el aliento, la mirada y la mente.

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¿Se habrá imaginado Álvar Núñez que además de este gran salto había otros tantos más?

Atravesamos otro sendero de selva y de la pasarela más alta bajamos unos cuantos metros, pero aún seguimos viendo las cascadas desde arriba, al filo del agua.

Desde el cielo y desde el suelo, desde una roca o desde un banco de madera nativa, entre árboles y entre nubes. Las combinaciones son infinitas: las cataratas del lado argentino se pueden ver desde todas sus aristas y no alcanzan los dedos para contarlas. 

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Caídas como melodías de un solo tono: no ensordecen oídos. Ecos que retumban en antiguas paredes de roca. Horas que corren como el agua

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Empapados por el Salto Bossetti

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Mis papás vinieron cuatro días a visitarnos y fueron otros dos exploradores más (vamos a tener que volver y calibrar el tema de los saltos con capas de lluvia) (?)

La última experiencia del día vale doble. 

Bajamos por un camino de piedras resbaladizas cuando el reloj marca las tres de la tarde. El calor es sofocante como la humedad que se siente en el aire. Nos preguntamos si Álvar Núñez se habrá animado a medir la fuerza de los saltos o si se habrá quedado con una única imagen de todo este espectáculo.

La Vida de Viaje-Cataratas de IguazúLa Vida de Viaje-Cataratas de IguazúLa Vida de Viaje-Cataratas de Iguazú

Nos sentamos en los dos últimos asientos. “Bienvenidos a bordo”, nos dice el capitán. Más de 40 personas esperan que suenen los motores de esta lancha que está a punto de zarpar.

Damos una vuelta por los saltos que solo se ven desde el agua o desde las pasarelas brasileñas y el paisaje desde acá roza un realismo natural que no se compara con ninguna sensación vivida en tierra.

La Vida de Viaje-Cataratas de Iguazú

La lancha vuelve hacia las aguas argentinas y aumenta la velocidad sin previo aviso. Arranca hacia la base de los saltos para estacionarse justo debajo de las caídas durante poquísimos segundos que se convierten en largos minutos psicológicos.

La corriente fría nos hace cerrar los ojos. Todos gritamos al sentir el agua, algunos levantamos los brazos, otros se esconden detrás de los asientos. Nadie puede ver a ninguno pero todos nos sentimos de la misma manera: descubrimos la fuerza arrolladora de esta maravilla del mundo.

Al día siguiente cruzamos la frontera. Desde Brasil las cataratas no se ven fraccionadas: las panorámicas son extremadamente voluptuosas.

La Vida de Viaje-Cataratas de Iguazú La Vida de Viaje-Cataratas de IguazúLa Vida de Viaje-cataratas-27 La Vida de Viaje-Cataratas de IguazúUno de los miradores más impactantes es el de la Garganta del Diablo

La Vida de Viaje-Cataratas de Iguazú La Vida de Viaje-Cataratas de Iguazú La Vida de Viaje-Cataratas de Iguazú

Al trecho final se lo llama Espacio Naipi. Se sube con un ascensor panorámico que alcanza los 27 metros de altura

De regreso nos preguntamos cómo habrá hecho Álvar Nuñez para desvestirse de sus sonidos y de la bestialidad de sus altitudes. Las habrá soñado después, las habrá navegado más tarde o las habrá olvidado luego de bajarlas a palabras.

Nosotros las sentimos imantadas. Son más que saltos de agua: son la ponencia más sensacional de la madre tierra.

La Vida de Viaje-Cataratas de Iguazú

Info útil y consejos

EN ARGENTINA

  • Si querés reservar excursiones con anticipación lo podés hacer a través de la empresa Iguazú Viajes. Ellos ofrecen paquetes completos que incluyen transporte y guías.
  • La localidad más cercana es Puerto Iguazú y está a unos 17 km del Parque Nacional. Recomendamos hacer base en el hostel Porämbá (¡buena energía, buena gente, buena ubicación y buenos precios!). Podés consultar disponibilidad haciendo click acá.
  • Muchos suelen visitar las cataratas solo un fin de semana creyendo que eso es lo único que se puede hacer en Iguazú, pero por lo que estuvimos recorriendo recomendamos pasar cuatro días como mínimo. En este post contamos todo lo que se puede hacer y ver en esta ciudad 😉

EN BRASIL

  • Para llegar desde Puerto Iguazú al Parque Nacional do Iguaçu hay que cruzar el Puente Internacional Tancredo Neves. En total son unos 15 km hasta la entrada del Parque.
  • A la hora de pagar la entrada se puede abonar con tarjeta de débito y es necesario presentar tu DNI (podés consultar las tarifas acá).
  • Llevate un pilotín o capa impermeable porque cuando recorras la pasarela de la Garganta del Diablo te vas a empapar. Si te olvidaste no hay problema: vas a ver que en la entrada a este sendero hay una persona vendiendo capas a $70 (pesos argentinos) y lo que suele hacer la gente es comprarlas, usarlas y tirarlas en los tachos (?). ¡Estate atento porque podés rescatar unas cuantas!

☞ Este es un post patrocinado, lo que significa que realizamos esta excursión con Iguazú Viajes a cambio de mencionarlos en el blog. El resto del artículo contiene opiniones independientes, personales y objetivas, basadas en nuestra experiencia real.

Somos Jime Sánchez y Andrés Calla, amantes de la aventura y la vida al aire libre. En este refugio digital compartimos nuestro estilo de vida, relatos, fotos, info útil, consejos y muchísima inspiración.

Comentarios

  • Patri (la cosmopolilla)
    30 octubre, 2015

    ¡Qué buenos recuerdos! Estuve dos días, uno por la parte de Brasil y una jornada completa por la Argentina. De lo más hermoso y asombroso que he visto en el mundo, me emocionó muchísimo la fuerza abrumadora de la naturaleza. Sobre Iguazú escribí un post contando la leyenda de amor trágico que la envuelve.
    Un saludo de la cosmopolilla viajera

    responder
  • 3 septiembre, 2015

    Hermanos, lindo relato, lindas fotos, y impresionante video del barco en las cataratas!!!
    Um grande abraco nosso, cheio de boas energias!!!

    responder
  • 28 agosto, 2015

    Jamás he estado en las cataratas y supongo que cuando uno está frente a ellas no hay palabras para describirlas, lo más probable es que aunque las fotos sean hermosas e impactantes, no dicen siquiera de la cuarta parte que significa estar frente a esta grandeza, me imagino que te quedas sin palabras y solo dejas que el estruendo te lleve, te guíe, te enmudezca, te sorprenda y te aquiete, me gusta la reflexión que haces de hacer esa mirada retrospectiva y pensar qué habrá pasado por la mente de este descubridor cuando se topó con esta inmensidad, y aunque el hombre haya puesto sobre ellas mucho de su ingenio y tecnología, todavía lo virginal y salvaje logra que el silencio se apodere y el maravillarse engradezca. Excelente relato, viajé con ustedes al leerlos. Un abrazo!!!

    responder
  • Estela y Edgardo
    22 agosto, 2015

    Gran esfuerzo el de la narradora, es que no hay palabras para describir lo que palpan nuestros sentidos !

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  • Alex Ferrero
    21 agosto, 2015

    Yo tambien me hago muchas preguntas con respecto a Álvar Núñez, pero la que más me viene a la mente es: ¿Por qué no me llamé Álvar Núñez?!

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  • MARITA
    22 agosto, 2015

    QUE LINDO CHICOS, PENSAR QUE LOS ACOMPAÑAMOS ESOS CINCO DIAS.HERMOSO EL RELATO Y PRECIOSAS LAS FOTOS.HA SEGUIR CONOCIENDO LA ARGENTINA. BESITOS

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  • Miguel Bujosa
    21 agosto, 2015

    Jime Sanches y Andres Calla… como siempre, impactantes fotos…veo que les paso lo mismo que a nosotros!!!! nos re quemamos, el sol ahí parese peor que en el norte…un abrazo enorme…

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  • 21 agosto, 2015

    Sin dudarlo hay que seguir y hacer algunas de las buenas rutas que han hecho …

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