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Carretera Austral en bicicleta

SER MUJER Y CICLOVIAJERA (2): DILEMAS EXISTENCIALES

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El primer posteo que publiqué sobre mujeres cicloviajeras fue en mayo de 2014. Pensé que no iba a ser necesario aclarar mucho más, pero a medida que pasan los años y me voy conociendo –como mujer y como viajera sobre ruedas, claro está– surgen más reflexiones, consejos e ideas que nos son comunes a todas y que –creo yo– vale la pena compartir.

Sé que hay cada vez más mujeres que se están animando a la bici y a las rutas y eso me pone muy contenta, pero también conozco a muchas chicas que están paralizadas y que no pueden concretar su sueño de viajar por miedos y frenos de mano autoimpuestos (algo que viví en primera persona y que lo cuento en mi primer libro).

Todas tenemos dudas y pánico frente a lo desconocido. A todas nos encantaría tener un compañero o compañera de viaje que venga con nosotras para no sentirnos solas. A todas nos gustaría ser mujeres maravilla y tener superpoderes para sentirnos seguras las 24 horas del día. Pero nada sucede porque sí y creo que lo que sucede, conviene. Que si algo pasa o se da de una determinada manera y no de otra, quiere decir que estamos preparadas para hacerle frente a eso que se nos presenta, vivirlo, superarlo y superarnos.

Las que me leen hace tiempo saben que me gusta pensar los viajes no como algo horizontal –unir un punto A con un punto B–, sino que para mí los viajes son verticales –un viaje de autoexploración hacia nosotras mismas–. Los viajes nos permiten conocernos, crecer y entendernos. Y hoy vamos a conversar sobre esos temas de mujeres que solo nosotras entendemos.

La consigna es una sola: simplificar. Viajando aprendí que lo complejo molesta, entorpece, ensucia. Así que vayamos por partes, abriendo nuestro universo de a poco:

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Depilación (pelos por aquí, pelos por allá)

Hay que admitirlo de una buena vez: NO PODEMOS GANARLE A LOS PELOS. La batalla está perdida mucho antes de empezarla. Obsesionarse con tener la piel como un bebé sin pelitos, sin pelusa, sin nada de nada es sinónimo de amargarse la vida y tarde o temprano vas a nadar en las sinceras aguas del me-importa-un-carajo-viajo-y-me-la-banco.

Si estamos de viaje con un compañero hay que blanquearlo. Lo bueno es que los hombres en ese sentido son muy relajados y no tienen problema de nada ni tampoco ven todo lo que nosotras vemos. Muchas veces le critiqué a Andrés –mi pareja y compañero de viaje– el hecho de que no me diga que tengo pelos en el bigote (no esperen que meta ningún tipo de filtro en este posteo) y su respuesta siempre fue “no me di cuenta”. Mientras tanto yo buscaba como una loca la pincita de depilar en el fondo de la alforja.

En plena Ruta 40 me saqué los pantalones desmontables por el calor que hacía y me depilé en la banquina con la maquinita. Y bueno, vivo en la ruta. Lo que hacen las personas en la intimidad, muchas veces yo lo tengo que hacer a la vista.

Si no soportás verte peluda la solución es ir a una depiladora los días que estés parando en una ciudad o en un pueblo, así que eso no es problema. Y para las cejas, el entrecejo y el famoso bigote, la pincita de depilar en los tiempos libres es nuestra gran amiga.

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Más vale que se hagan amigas de los pelos y de las marcas cicloviajeras. Para emparejar esto voy a necesitar tres meses de playa en el mar Caribe

Maquillajes, esmaltes, manos y pies (la feminidad viajando se expresa de otras maneras)

Cómo decirlo. No es que viajando una deja de ser femenina –para mí esto pasa por otro lado y se manifiesta través de las expresiones, de los gestos y de la manera de hablar de una mujer–, pero lo que sí sucede es que te volvés más sencilla, más simple.

Entendés que no necesitás pintarte como una puerta. Empezás a priorizar el sentirte cómoda y los tacos los reemplazás por unas buenas zapatillas de trekking. Llegás a la conclusión de que tu belleza no depende de un jean de marca, de estar a la moda o de tener más cosas en tu placard. Dejás de pensar en la opinión del otro, porque el otro –en este contexto–, no critica. Entonces te relajás, sos como sos y vaffanculo.

Pero a veces, entre tanta badana y remera/pantalón/corpiño deportivo/zapatillas deportivas, querés cambiar un poco tu onda. Básicamente, TE HARTÁS DE ESTAR SIEMPRE VESTIDA IGUAL. Entonces me pongo ese vestido que cargué en la alforja y que me hace sentir femenina. También le doy lugar a los mimos: me regalo un rato en soledad y me pongo un poco de mi crema hidratante y así protejo mi piel, si pinta salida a la noche agarro el rimmel y le doy vida a mis pestañas, me hago masajes en los pies o me voy sola para estar una tarde conmigo. Lo que no llevo porque me parece una pérdida de tiempo son esmaltes. Uñas al natural, alicate, lima de vez en cuando y listo.

Siempre llevo dos mudas de ropa no deportivas, que generalmente son una remerita, una babucha, unas zapatillas tipo Converse y algún vestidito. Ambos conjuntos deben cumplir la regla general de ser prácticos y cómodos. La idea es llevar una o dos opciones y nada más: recordá que todo lo que lleves de más te va a pesar.

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Mi versión ciclista

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Mi versión “casual” (sí, me corté el pelo y me lo cambié de color)

El pelo (gran tema gran)

El pelo largo es complejo. Lo mejor es mantenerlo atado para que no nos moleste mientras pedaleamos y lo ideal sería que lo mantengamos hidratado con alguna crema para peinar porque pasamos muchas horas bajo el sol y eso se ve y se siente.

El pelo corto es la gloria. Te lo peinás con las manos a la mañana y durante el resto del día te acompaña sin quejarse ni chistar. No pude todavía dejar la crema de enjuague, pero conozco viajeras que se lavan el pelo con jabón blanco o solo con shampoo. Probá diferentes opciones y después contame cuál te funcionó a vos.

Menstruación (o el día del diluvio)

El día que te viene es el día del kilombo. Estamos sensibles, estamos molestas e hinchadas, estamos con ganas de no hacer nada. Pero ya lo dije en la primera guía que escribí: es un mito creer que no debemos hacer actividad física durante esos días. Me pasó de estar pedaleando y que no me duela nada, y frenar y que me duela horrores. Igual como siempre todo depende del cuerpo de cada mujer.

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Generalmente soy así

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Pero durante esos días soy bastante chispita

Desde hace más de dos años me di el gusto de probar la famosa y conocida copita menstrual. La diferencia con las toallitas y los tampones es que no absorbe la sangre sino que la contiene. Tiene una vida útil de cinco años, se puede usar de noche y hasta por doce horas. Los beneficios son varios: económicos –se paga una vez y listo– y ecológicos –es reutilizable y se evita talar árboles para su fabricación–.

El prospecto recomienda que el primer día la uses en un ambiente tranquilo y cómodo. Sin embargo mi primer día me encontró acampando al lado de una iglesia en un pueblo muy chiquito de Córdoba. Testaruda como soy, me dije: “yo lo intento igual, total no debe ser tan complicado” y se ve que lo dije en voz alta porque Andrés me respondió: “sos cabezadura eh, vas a tardar un montón y vamos a salir re tarde”.

Dicho y hecho. Mi primera experiencia con la copita menstrual fue caótica. Me puse nerviosa por ser mi “primera vez” y todo me salió al revés: un segundo después de ponérmela leí que había que hervirla antes, no encontraba una posición cómoda, no entendía de qué manera doblarla para que entre; no entraba y cuando entró, la mandé tan al fondo que después no encontraba el cabito que tiene que quedar más o menos a mano para más tarde sacarla. Así que consejo de principiante N°1: si es tu primera vez con la copita, leé el prospecto con paciencia, mirá los videos que hay en Internet, informate y después hacé el intento. Que no te gane la ansiedad como a mí.

Lo que fue difícil a la mañana, fue más difícil a la noche: “cómo mierda hago para sacármela, no manchar nada, dónde tiro la sangre, dónde me higienizo, dónde limpio la copita, etc, etc”. Lo que sucede es que este sistema es muy útil para viajeras en general –si estamos en la casa de una familia o en un hostel todo es mucho más fácil–, pero para cicloviajeras –donde muchas veces acampamos en el medio de la nada, donde a veces no contamos con suficiente agua para tomar y menos para limpiar una copita y donde las posiciones dentro de la carpa no son las mejores– resulta bastante incómodo (sobre todo las primeras veces). Ahora, si tengo que hablar de la comodidad a la hora de pedalear, es un diez. Te olvidás que la tenés puesta.

Si después de leer este post querés viajar con una copita menstrual, tené en cuenta que vas a necesitar llevar agua de más para limpiarla y hervirla el último día de tu período –en el caso de que viajes por lugares extremos donde no vas a contar con agua potable durante días– y toallitas húmedas –las de bebés– para limpiarte las manos después de agarrarla. Las primeras veces es medio complejo y despelotado, pero después te acostumbrás.

En este video vas a poder ver cómo es la copita menstrual Maggacup que uso yo, tips sobre cómo colocarla y algunos consejos:

Relaciones sexuales (que deje de ser un tema tabú)

Este es el tipo de posteo que ruego que no lea ni mi padre ni mi madre.

Alguna vez me preguntaron: “¿cómo hacen para tener relaciones?”. Y mi respuesta fue: “¡como cualquier pareja!”. A veces me da gracia ver cómo muchos complejizan el viajar como estilo de vida. La frase que estoy usando desde hace un tiempo es la siguiente: vivir de viaje es la vida misma pero sobre ruedas. Nada más ni nada menos.

Con el sexo pasa exactamente igual: tenemos relaciones cuando tenemos ganas y estemos donde estemos –léase carpa, casa, hotel, hostel o donde sea–. La única condición es estar limpios antes de arrancar (hay veces donde pasamos días sin bañarnos y todo bien, pero NO da).

Respuesta para los que están pensando cómo nos cuidamos: con preservativos. Hace años que dejé las pastillas anticonceptivas porque desde hace años dejé de tomar pastillas de cualquier tipo.

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La foto claramente es ilustrativa

Espacios y tiempos (soledad vs compañía)

En mi segundo viaje largo me di cuenta que necesito momentos de compañía y momentos de soledad por igual. Honestamente parar todo el tiempo en casas de familia me cansa un poco, porque cuando uno entra en el mundo de una persona o familia; las reglas, las costumbres y los horarios–como debe ser– las pone el otro.

En mi caso hay veces que tengo ganas de no hacer nada, escribir todo el día en la cama sin tener que dar más explicaciones que esas, comer cuando quiera y hacer lo que se me dé la gana (wow, qué rebelde).

Al principio me generaba muchísima culpa pensar en estas cosas, porque las personas que nos reciben lo hacen con muchísimo amor y entrega total, pero cuando me di cuenta que yo no llevo la vida de una persona de vacaciones sino que vivo de viaje, entendí que los espacios y tiempos de soledad son híper necesarios. Que es importante no solo respetarse sino hacerle entender al otro que también es importante que los respete. Que estar en movimiento todo el tiempo es hermoso, pero a veces cansa. Y está bien que así sea.

Esto depende de la personalidad de cada una, pero todas tenemos la responsabilidad de autocuidarnos: escucharnos, ser intuitivas con nosotras mismas, no hacer nada por obligación o por compromiso, sentir con el cuerpo cada situación y decir que sí o que no cuando lo necesitemos.

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Una de las cosas que más me gusta es salir a caminar. Disfruto de la soledad y creo que a muchas les falta eso: gustarse y sentirse cómodas estando solas. Acá reflexiono sobre esto

Necesidades (como baño no tengo…)

Sí: no tengo baño y es una realidad, con lo cual mis necesidades las hago donde puedo. Tener una estación de servicio cerca cada vez que uno quiere “ir al baño” sería ideal, pero es un caso hipotético que no siempre se da.

Encontrar un lugar más o menos tapadito y no tan a la vista es perfecto, pero puede suceder que tampoco se dé así. En mi caso dejo la vergüenza a un lado y hago pipí o popó en el lugar que encuentro.

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Andrés y su maldita costumbre de sacarle fotos a todo. En esta foto, haciendo pis en no sé qué lugar de Misiones

Hola queridas emociones (ciclotímicas NO somos)

La película de Pixar “Intensamente” es un reflejo de cómo nuestras emociones buscan controlar nuestra torre de control todo el tiempo. Esto es bien de mujer porque en general los hombres son una especie aparte que sienten pero lo viven/demuestran de una manera más… sutil.

Nosotras necesitamos (sí, es una necesidad) exteriorizarlo y decirlo todo. Y a veces cometemos el error de esperar que el otro entienda lo que nos pasa y nos tenga paciencia y todo el amor del mundo y bla bla bla, pero esto no sucede y nos frustramos o quizás nos sentimos peores que antes y el círculo vuelve a empezar.

¿Qué hacer entonces? Podemos usar dos herramientas: la respiración y la meditación. La primera es sencilla: cuando estamos nerviosas o angustiadas, la respiración tiende a entrecortarse. Por eso si somos conscientes de cada una de nuestras inhalaciones y exhalaciones, y si en lugar de inflar los pulmones nos concentramos en inflar nuestro abdomen –como la respiración que se suele practicar en yoga, por ejemplo– el nivel de ansiedad y tristeza se va a ir reduciendo y nos vamos a sentir más relajadas y tranquilas.

La meditación puede ser activa o pasiva. Activa puede ser escribir sin pensar, salir a caminar sin rumbo o dibujar. Las pasivas pueden ser repetir mantras, visualizar colores, cantar sonidos como el OM para armonizar los chakras, escuchar una música que te guste y cerrar los ojos, entre muchas otras formas que tenemos de bajar las revoluciones de la mente y conectarnos otra vez con nosotras mismas.

Muchas veces medito estando en movimiento, con lo cual se puede pedalear y meditar a la vez. 

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¿Qué ropa llevo? (se puede vivir con poca ropa)

El “por si acaso pesa un huevo” dice la frase (en nuestro caso, un ovario). No cargues ropa de más porque NO la vas a usar. Sé práctica y objetiva a la hora de pensar qué vas a llevar.

Lo principal es la indumentaria de viaje. Lo secundario –pero no por eso menos importante– es la ropa que elijas llevar para cuando quieras sacarte el uniforme de ciclista.

Yo, cuando tengo que armar una valija, bolso o alforja, lo que hago es hacer una primera selección de prendas sin pensar demasiado, sabiendo que lo que agarro es lo que me gusta y lo que me va a resultar práctico para ese viaje en particular. Una vez que tengo todo arriba de la cama, actúa el filtro y el sentido común. Generalmente la mitad de las cosas que elegí, no las termino llevando.

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Cómodas arriba de la bici

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Cómodas abajo de la bici

Lo que llevo en las alforjas (y en bolsitos y bolsitas)

  • Alforja delantera izquierda: todo lo de baño (shampoo, crema de enjuague, cremas, protectores diarios, jabón, estuche con cepillos y pasta de dientes, peine, maquinita de depilar, toalla de secado rápido, toallitas para bebés, papel higiénico, desodorante, ropa interior).
  • Alforja trasera derecha: zapatillas Converse, colchoneta inflable, bolsa de ropa sucia, dos libros (a veces tres, a veces cuatro… es mi debilidad), cuaderno de viaje (a veces dos, es que me regalan muchos cuadernos mientras viajo) y birome.
  • Alforja trasera izquierda: campera, bolsa de dormir y sandalias.
  • Bolso porta alimentos: frutos secos, papel higiénico, pañuelos.
  • Bolso manillar (el que va agarrado al manubrio de la bicicleta): anotador, lapicera, protector solar, crema para picaduras de mosquitos, crema de cacao, gorra, lentes de sol, billetera, celular.
  • Bolso estanco (el que va arriba de las alforjas traseras): computadora, campera –y hasta hace poco– un ukelele.

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¿Vos qué opinás? ¿Cómo organizás tus viajes, qué llevas en las  alforjas, cómo vivís viajando?
Lo que a vos te sirve me puede servir a mí también y a todas. Escribí tu comentario abajo así empieza la charla 😉

Escritora y nómada digital. Viajo desde el 2013 y comparto en este refugio digital mi estilo de vida. Me apasiona la escritura y por sobre todo inspirar y animar a través de la palabra. También escribo en luzyhumo.com y mi primer hijo de papel se llama Letras Luz. Dicto talleres de escritura y de viajes, no puedo vivir sin mis libros y cuadernos y soy fan de la autoexploración.

Comentarios

  • Tatiana
    1 mayo, 2018

    Hola Jime, desde mi experiencia doy este consejo, yo tenia el pelo lo que se llama habitualmente SALVAJE, y antes de salir de aventura me compre un liquido para hacer alisados (que puede ser con o sin formol) y lo puse a mi esposo de peluquero!! Jajaja. Ni me peino cuando me levanto. Es una opcion. Eso si hay que hacerlo de manera responsable, tomando TODAS las precauciones. Abrazo!

    responder
  • cami
    16 marzo, 2018

    Muy linda tu experiencia y excelente tu mirada !!!
    Muchas cosas me pasaron como a vos tambien .Y sin dudas ,nos pasa a todas….
    Gracias por compartir tu experiencia .Fue un placer leerte !!!Grosaa ,segui viajando .
    Buenas rutas …..

    responder
  • Adriana Cardozo
    2 octubre, 2017

    Saludos, de venezolanos pero no desde Venezuela, estamos junto con mi esposo y otra pareja, haciendo un viaje largo en bici, ya llevamos 11mil Km y 9 meses de viaje entre pedaleadas y levantes, salimos de Vzla con destino a Ushuaia y hace unos días entramos a la ruta 40, desde Zapala, hoy estamos en J. de los Andes. Encontré su pagina buscando consejos sobre esta ruta ya que no nos queremos disfrutarla full sin perdernos de nada, mañana ya salimos para San Martín y se pronostican días fuertes de lluvia entonces quisiéramos tener bien marcadas las paradas por si nos toca pasar el mal clima que sea bien acomodados. Me encantó su pagina, y me han servido mucho los post, ahora por donde andan? También les dejo la nuestra: http://www.centrora.com.ve y en facebook: centro de reinsercion agroecologica

    responder
  • valerita
    7 abril, 2017

    Jime arranque c tus consejos de minita2, sos muy divertida. Me encanta haber encontrado el blog, me muero de sueño, como sé donde leer lo ultimo actualizado de Chile q estan publicando. Gracias de nuevo mucho gusto

    responder

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