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    AUTOAYUDA VIAJERA: PREGUNTAS PARA SOLTAR MIEDOS Y CUMPLIR SUEÑOS

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    La primera vez que Andrés me planteó su “loca” idea de salir a recorrer la Ruta 40 juntos y en bicicleta, entré en pánico: pensaba que mi relación de casi dos años se iba a terminar, que mi vida iba a ser un caos, que no lograría llegar a nada —ni en lo personal ni en lo profesional—, que todo pero absolutamente todo me iba a costar horrores. El querer dejar los fantasmas de lado y viajar fueron el motor para avanzar y no quedarme parada en el mismo lugar.

    Mi historia ya la conté varias veces: yo no me subía a una bicicleta desde los 14 años. Con solo visualizarme en una ruta desierta con camiones, autos, cuestas, vientos y frío, me paralizaba. Pero claro, a medida que iban pasando los días —y gracias al oído de varios amigxs y compañerxs de trabajo de ese entonces—, empecé a darme cuenta de que lo único que mi cabeza me mostraba eran situaciones extremas y negativas de lo que me podría llegar a pasar o lo que podría llegar a vivir. Darme cuenta que me estaba condicionando antes de empezar fue clave porque entendí que todas esas imágenes eran producto de mi imaginación.

    Mi primer freno de mano fue decir: “hola mente, en esta jugada las dos tenemos que ir para el mismo lado así que porfa dame una mano”. De a poco empecé a hacerle algunas preguntitas para ver cuánto de lo que ella me mostraba era real —porque tener miedos frente nuevos desafíos es normal— y cuánto no —no podía permitirme que mis fantasmas mentales frenen mis sueños—. Mi plan de evacuación consistió en:

    ⇒ Retirarme: me fui un fin de semana sola al Delta de Tigre para pensar y ver qué era lo que realmente quería hacer.

    ⇒ Cuestionarme: formulé cinco preguntas que sabía que iban a ser claves para despejar todos mis monstruos.

    ¡Atención! El orden de las preguntas es aleatorio. No me hago cargo de las consecuencias que puede tener este post, pero si te sirve y te motiva a salir con la mochila, kombi o alforjas, misión cumplida 😉


    1. ¿Y por qué no?

    Me acuerdo que entre tantas vueltas de sí-no-sí-no-sí-ni-no-sí, llegó un momento en que me paré frente al espejo, me miré a los ojos y me dije: ¿y por qué no?

    Esa pregunta tenía tres aristas: por un lado, mi estilo de vida estaba a punto de cambiar radicalmente (dejaría mi trabajo estable en una agencia de publicidad y empezaría este nuevo proyecto de vivir de lo que me apasiona —la escritura y los viajes—); por otro, no podía dejar mis sueños en un cajón de recuerdos y hacerle oídos sordos a lo que realmente quería y deseaba hacer; y por último, la posibilidad de viajar en bicicleta —no me importaba por dónde ni por cuánto tiempo— me despertaba intriga y algo me decía que lo tenía que hacer.

    ¿Por qué debía seguir trabajando en un lugar que no quería? ¿Por qué no podía probar algo nuevo y ver qué pasaba? ¿Por qué muchos me decían que me fije en lo que cobraba a fin de mes en lugar de apoyar mi sueño? ¿Por qué lo que me estaba proponiendo era una locura? ¿Por qué la bicicleta era un ogro en toda esta historia?

    ¿Y si salía todo bien? ¿Y si me terminaba encantando esta manera de viajar? ¿Y si lograba lo que quería? Cambiar de enfoque y ver lo posible en lo que parecía imposible fue un cambio de perspectiva que me permitió ver un poco más allá.

    Siempre hay dos posibilidades: o que nos vaya bien o que tengamos que rever nuestras coordenadas y cambiar los planes. Pero nunca una está por encima de la otra. Nunca.

    2. ¿Por qué yo no voy a poder?

    Primera reacción: “no soy deportista, no entreno, no sé pasar los cambios, me dan fobia las bajadas pronunciadas, etc, etc, etc”.

    (pausa)

    Segunda reacción: “puedo empezar a entrenar, puedo anotarme en spinning que lo tengo a la vuelta de mi trabajo hasta que renuncie, puedo salir con Andrés para que me explique un poco qué es cada cosa, puedo tocar los frenos en las bajadas…etc, etc, etc”.

    En lugar de ver las piedras en el camino, empecé a tomar consciencia que era yo misma la que se limitaba. Y en definitiva si otros pudieron, ¿por qué yo no voy a poder?

    NADIE puede decirle ni insinuarle a ninguna persona que no va a ser capaz de hacer lo que desea hacer. Entiendo que a veces nuestros familiares y amigos quieran aconsejarnos o dar su opinión sobre lo que piensan, pero cortarle las alas a alguien, ¿sirve?; subestimar al otro porque no es así o asá para hacer algo, ¿funciona? ¿O son los otros los que proyectan en nosotros temores, intentando que el otro siga en su mismo nidito donde están todos cómodos y seguros?

    3. ¿Son palabras autorizadas?

    Uno de los diálogos que siempre recuerdo cuando retrocedo en el tiempo y veo todo lo que pasé, es uno que tuve con mi hermana. Estábamos hablando por teléfono y nuestras charlas ya se estaban volviendo monotemáticas:

    —Empezá a entrenar Jime, por favor. ¿Averiguaste algo ya?

    —Sí, mandé mails a varios profesores que encontré por Internet y que se juntan en grupo acá en el río, pero todavía no me respondieron (???)

    —¡¡Pero llamá!! Ustedes quieren salir en cinco meses, por favor reflexioná un poco. ¿Vos sabés lo que es el viento de la Patagonia?

    —No Juli… ¡¡¡¡Y vos tampoco porque nunca fuimos!!!!!

    (fin de la conversación. No había manera de remontarla)

    En este punto me pongo seria… ¿cómo alguien —un amigo, familiar o compañero de trabajo— nos va a aconsejar de algo que NO conoce o peor aún, que CONOCE DE OÍDO? ¿Esto es joda? ¿Tiene algún sentido o coinciden conmigo que es completamente ridículo?

    Mi hermana me estaba diciendo algo sobre un lugar… ¡QUE NUNCA PISÓ! Todos sabemos que en la Patagonia hay viento y no era que no lo quería ver, pero si nuestro amigo Marcelo Álvarez, que unió Ushuaia-La Quiaca en bicicleta y que lleva recorridos más de 20 mil kilómetros en dos ruedas, me aconsejaba NO VAYAS A ESE LUGAR lo hubiese escuchado con los oídos abiertos de par en par, pero al contrario de la mayoría de las opiniones, Marce nos decía que toda esta experiencia nos iba a cambiar la vida (y así fue).

    4. ¿Y qué hubiera pasado si…?

    Pregunta bisagra si las hay. Porque cuando somos sensatos y dejamos de creernos infinitos, la cosa cambia.

    “El día de mañana, ¿me voy a bancar el peso de ese tren de palabras y-qué-hubiera-pasado-si-me-iba-de-viaje?” De solo pensarlo me da escalofríos, porque sabiendo que el tiempo pasa, postergamos lo que nos hace felices envolviendo nuestros deseos en excusas de papel.

    Claro que no quería llegar a eso. Y si no pegaba el salto y si no me tiraba a la pileta y si ni siquiera lo intentaba, nunca iba a saber si era capaz o no de hacerlo.

    5. ¿Son miedos propios o ajenos? (el síndrome de la esponja y/o el mal del loro)

    Estos son dos síntomas bien comunes en cualquier persona que pretende darle un giro a su vida: absorber los prejuicios y miedos de los demás y repetirlos, repetirlos y repetirlos como si fuesen propios.

    La limpieza final fue darme cuenta que el miedo a los fuertes vientos del Sur era de mi hermana, que el miedo a la desolada Ruta 40 era de mi papá, que el miedo a que me quiebre una pierna y que quede varada en el medio del camino sin que nadie me ayude era de un compañero de trabajo.


    El único consejo que te puedo dar es que lo intentes y que veas hasta dónde podés llegar. Te aliento a la distancia y festejo el cambio, festejo que te desafíes. Deseo que cuelgues los pretextos y que tu sueño vea de una buena vez el sol. No existen los fracasos, no hay equivocaciones, no hay errores. Siempre podemos cambiar nuestro norte y probar y cambiar y probar otra vez.

    En varios momentos de nuestro viaje, reflexioné sobre los cambios que viví y vivimos. Esos relatos son: De una bici de paseo a un paseo por la 40 y Hasta luego Patagonia.

    Después de unir en bicicleta 6600 km en 9 meses, dimos una charla TEDx en San Rafael (Mendoza) donde contamos cómo fue todo este proceso previo de cambiar nuestro estilo de vida y viajar. Podés verla en el post De la teoría a la ruta.

    Si necesitás un empujón más, leé 10 formas diferentes de viajar por el mundo y 5 consejos para financiar un viaje largo.

    Escritora y nómada digital. Viajo desde el 2013 y comparto en este refugio digital mi estilo de vida. Me apasiona la escritura y por sobre todo inspirar y animar a través de la palabra. También escribo en luzyhumo.com y mi primer hijo de papel se llama Letras Luz. Dicto talleres de escritura y de viajes, no puedo vivir sin mis libros y cuadernos y soy fan de la autoexploración.

    Comentarios

    • cristina senn
      6 noviembre, 2019

      queremos hacer el sur. tenemos muchas inseguridades. Queremos entrar Futalfut por Trevelin. y bajar hasta chile chico y volver entrar a la Argentina a los Antiguos. Yo tengo 66 años y mi esposo 69. Estamos muy bien de salud. Pero es una hazaña dormir en una carpa.

      responder
    • Belen
      2 marzo, 2019

      WoW! Gracias por este relato, justamente estoy por programar un viaje a Europa en bici y todos me han dicho que no, yo digo que sí, así que me iré jajajaja, gracias por la inspiración 🙂

      responder
    • Hugo Bertoldi
      1 marzo, 2019

      Jimena (admirada y, ¿por qué no?, querida): sé que me recordarás. Soy Hugo (Bertoldi), un señor al que le gusta andar en dos ruedas, que practica “tenis criollo” (tenis con paleta), que le gusta escribir, como a vos, y que adquirió vuestra película La vida en viaje hace un tiempo no muy largo (cercano al año). Quizás recuerdes que envié breve texto a modo de carta para vos y Andrés, al cual respondiste exhibiendo en tus palabras el agrado que te produjo. Ya no te robo más de tu valioso tiempo, Jimena. Te cuento que tengo un personaje, un simpático y muy peculiar gaucho. Es mi alter ego y amigo. Por lo tanto, va un ABRAZO GAUCHO POR DUPLICADO (DE DOS, PARA DOS). Seguimos en contacto.
      NOTA: te cuento que debo viajar cien kilometrós desde San Justo, en la provincia de Santa Fe, hasta la capital provincial, y creo que lo haré en mi modesta mtb. Voy por varios motivos, entre los que se halla retirar de OCA un antiguo set de lapicera y portaminas que adquirí en mercadolibre. ¡Qué loca gente se puede hallar en esto de las bicicletas! ¿Viste vos? ¡Aijuna, canejo y amalaya!

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    • Fernando
      24 octubre, 2018

      TODO ESTO Es lo que siempre pensé y pienso, y justo ahora estamos por comenzar un viaje y darle un giro a nuestra vida!
      Felicitaciones y gracias por tanta magia.

      responder
    • Bea
      27 agosto, 2017

      Me encanto Jime!!! Y tu libro hermoso!!!!

      responder
    • Linda
      25 agosto, 2017

      Excelente, gracias.!!A viajar!!!

      responder

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