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    La Vida de Viaje - Guía para viajar por Córdoba en bicicleta
    Crónicas

    CENTRO Y LITORAL DE ARGENTINA EN BICICLETA (2015)

    En el 2015, el viaje siguió. Pedalear toda la Argentina era un sueño compartido. Campo, aldeas, arterias de tierra, palmeras yatay y carpinchos, los esteros y el Iberá, la frontera tripartita, las cataras del Iguazú y las sierras en el corazón del país. Provincias para aprender a mirar.

    • El norte de Buenos Aires amanece húmedo. El reloj despertó a las 7.30 pero la neblina sigue en tierra: la espera de dos horas teñidas de café con leche hacen del tiempo un pestañeo. Salimos al encuentro de un camino tenso lleno de camiones y autos que se mueven a velocidad autopista, pero la ruta quiere que avancemos lento: sabe que nuestros motores están algo oxidados. La entrada en calor se vuelve peatonal cuando atravesamos

    • Gualeguay y el hogar. Cruzamos la puerta y el abrazo de hogar nos enlazó. Ahí estaban ellos con sus expresiones vívidas: ella y su mirada de mar, él un capitán al timón. La casa de frente y espalda blanca es un museo de recuerdos de dos infancias: la rosa en el jarrón representa a N, la guitarra en un rincón a F. Hay fotos de ellos guardadas en cajones, hay retratos en blanco y negro, hay

    • Parque Nacional El Palmar, Entre Ríos, Argentina. Un parque. Un parque para jugar. (que el oído sea el rey, que los ojos acompañen la geometría imperfecta de palmeras con altura caprichosa, que el río se escuche en reposo). ** Desafío #1: Sentidos vivos. Tierra roja y arena playa. Micromundo de palmeras yatay. Micromundo encendido como nuestro tímpano en alerta. Hojas pinadas verde azuladas. Frutos desparramados. Hectáreas que suman ocho mil y selvas en galería escondidas en senderos. La naturaleza y sus voces que hablan: nos cuentan,

    • Pedaleamos por la Ruta 14 rumbo al norte de Entre Ríos. Pedaleamos por un camino de asfalto limpio y banquina ancha intermitente: por momentos a favor del tráfico, por momentos en contra. Hay despertadores tediosos que debemos esquivar y los camiones y autos se vuelven figuritas repetidas. Agachamos la cabeza y sumamos kilómetros: no hay mucho para ver ni para contar hasta que el reloj marca las cinco de la tarde. "En una hora el cielo se apaga",

    • Iberá, 5 de julio. Tierra de agua. Pedaleamos por una ruta que nos resulta familiar: la Ruta (provincial) 40. Según el mapa estamos casi al borde de los Esteros, pero aún no alcanzamos a ver lagunas ni regiones inundadas. Intento agudizar mis pupilas y creo ver agua a lo lejos, pero mi atención se dispersa a la velocidad de las alas de un carancho. Escucho una especie de ladrido. ¿Perros? No, es el sonido de un

    • Iberá, 9 de julio. Arena a la vista. Todos nos dicen lo mismo: el camino para salir de los Esteros es imposible después de una semana de lluvia. "Una camioneta 4x4 con cubiertas pantaneras tardó seis horas en hacer esos 140 km". ¿No estarán exagerando un poquito? Nuestro problema es recurrente: cuando nos dicen que un camino es complicado, más queremos hacerlo. Primero, por intriga. Segundo, porque sabemos que en bicicleta solo se necesita una ínfima huella para

    • Si fragmentamos la vida de un cicloviajero nos vamos a dar cuenta que tiene un poquito de todo: pedalea con sol, nubes y niebla; atraviesa caminos pelados, áridos y de selva; llega a ciudades gigantes y a poblados muy chiquitos (y a veces son los lugares los que lo encuentran), duerme en rincones tan insólitos como abandonados como raros, conoce realidades paralelas, viaja en el tiempo con viejas historias, vive momentos bizarros… Este fotorelato es todo eso: instantes de la vida,

    • Son las nueve de la mañana y todavía seguimos en Iguazú. Susi nos prepara un café brasileño con crema mientras nos pregunta por qué no logramos salir más temprano si nuestro plan era pedalear con "la fresca" de las seis am. No sabemos qué responderle porque siempre, por una cosa u otra, nos demoramos. "A esta hora el sol arde y si ahora arde no queremos imaginar lo que va a ser a las tres de

    • Nos despertamos por la percusión de cientos de gotas cayendo sobre un techo de chapa. Las bolsas de dormir se sienten tan cómodas que las ganas de salir a pedalear se reducen a ninguna. Los días de lluvia son ideales para no hacer nada y mi intención es convencer a Andrés para que nos quedemos… en el cuartel de bomberos de San Vicente. Si bien el plan es poco prometedor, él me recuerda algo que no estaba teniendo en

    • De todas las provincias argentinas recorridas hasta ahora (14) ninguna fue pedaleada dos veces. Cada bienvenida tuvo su despedida, cada comienzo contuvo un final previsible en sus últimas páginas. Pero este nuevo viaje tiene un condimento diferente al primero y es el regreso: volver a tierras ya exploradas pero por caminos alternativos, como si debiéramos cerrar el círculo de un capítulo que quedó a medio leer. Empezamos la aventura en Buenos Aires, llegamos a Entre Ríos,

    • Santa Fe para nosotros era una provincia de transición. Ni más ni menos. Servía de puente para conectar el brazo de Argentina (la Mesopotamia) con su corazón (el Centro). Después de andar durante cuatro meses por Entre Ríos, Corrientes y Misiones creíamos que la figurita del Litoral ya estaba en nuestro álbum de regiones luego de haber andado por decenas de caminos invisibles y por haber conocido las aguas brillantes de los Esteros del Iberá, las ondulaciones caprichosas de la selva

    • Esto no es un post: es un cuaderno de viaje. Un cuaderno lleno de palabras, descripciones y sensaciones. Son hojas de papel con fotos, historia, geografía, rutas, curvas y contra curvas. Son anotaciones de un viaje en bicicleta por una Córdoba desconocida. 1. En el mapa hay una línea de rayas intermitentes. Delimitan una provincia recorrida y conocida (Santa Fe) de otra que más que tierra es un océano de preguntas. Nos sentimos cómodos en la incertidumbre, en el

    • Las primeras hojas de este cuaderno de viaje las podés leer acá. 13. Tac. Tac. Tac. Tac. Tactactactactac. Lo único que escuchamos es el latir de nuestros corazones agitados. Las manos húmedas resbalan en el manubrio y los suspiros de esfuerzo nadan en el viento. La ruta asfaltada que con el calor se convierte en oro negro y nuestras piernas que avanzan hacia los dos mil metros de altura haciendo círculos. ¿Curvas? Son tantas que no alcanzamos a contarlas.

    • Llegamos a Villa de Merlo con la ansiedad de quien pisa una provincia por primera vez. San Luis, con nubes amenazantes y sol intermitente, anticipaba indecisión: era la primera vez en el viaje que teníamos todas las intenciones de quedarnos en una ciudad para recorrerla, pero no teníamos un lugar donde alojarnos. Existía la posibilidad de parar en la casa del padre de un lector del blog, pero no nos había confirmado nada. El Ministerio de

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